{"id":9373,"date":"2025-03-09T13:50:04","date_gmt":"2025-03-09T16:50:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.redcolombia.org\/?p=9373"},"modified":"2025-03-09T13:50:05","modified_gmt":"2025-03-09T16:50:05","slug":"jaime-mongo-gallego-la-sonrisa-que-iluminaba-el-nordeste-antioqueno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redcolombia.org\/?p=9373","title":{"rendered":"Jaime \u201cMongo\u201d Gallego: la sonrisa que iluminaba el Nordeste Antioque\u00f1o"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">por: Camilo G\u00f3mez, Periferia Prensa<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"360\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?resize=640%2C360&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-9374\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?resize=1024%2C576&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?resize=1536%2C864&amp;ssl=1 1536w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jaime-mongo-foto-2.jpg?w=1280&amp;ssl=1 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La muerte en Colombia tiene nombres, fechas y coordenadas. Pero hay asesinatos que pesan m\u00e1s, que hieren m\u00e1s, que desgarran m\u00e1s. La muerte de Jaime \u00abMongo\u00bb Gallego no es solo la de un hombre, sino la de un pedazo del Nordeste Antioque\u00f1o, un golpe directo a la memoria y al coraz\u00f3n de una regi\u00f3n que ha sabido resistir con u\u00f1as y dientes a la barbarie impuesta por el poder y la codicia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jaime \u00abMongo\u00bb Gallego no era un desconocido. Era un l\u00edder, un campesino, un minero artesanal, un organizador, un defensor de los derechos humanos. Pero, sobre todo, era un hombre del pueblo, de esos que no nacen para obedecer ni para callar. En Segovia, en Vegach\u00ed, en Remedios, su nombre era sin\u00f3nimo de lucha. Y lo mataron, como han matado a tantos otros en estas tierras donde la vida vale menos que una onza de oro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Matar la esperanza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su cuerpo fue hallado en la vereda El Jab\u00f3n de Vegach\u00ed, Antioquia, como tantos otros que han sido encontrados en los caminos polvorientos de este pa\u00eds ensangrentado. La noticia corri\u00f3 como un rel\u00e1mpago entre mineros, campesinos y comunidades enteras. No hab\u00eda dudas: a \u00abMongo\u00bb lo silenciaron porque su voz molestaba, porque su sonrisa encend\u00eda esperanzas, porque su terquedad de so\u00f1ar con justicia era peligrosa para quienes solo entienden el lenguaje del plomo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jaime era mucho m\u00e1s que un l\u00edder social. Era el alma del <strong>Festival de la Gigantona<\/strong>, esa fiesta que m\u00e1s que celebraci\u00f3n es un acto de resistencia y memoria, un grito de identidad de los mineros del Nordeste Antioque\u00f1o. Con su alegr\u00eda y compromiso, hizo del festival un refugio para la memoria de su gente, un espacio donde la historia de los que han sido perseguidos y asesinados no se borraba, sino que se transformaba en danza, en teatro, en gritos que se niegan a desaparecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jaime no se conformaba con sobrevivir. No le bastaba con esquivar el miedo y seguir adelante con la cabeza gacha, como quieren los de arriba. \u00c9l cre\u00eda en la dignidad, en la posibilidad de construir un mundo mejor desde su propia tierra, desde su gente. Y eso lo hac\u00eda peligroso. Un pueblo con memoria y dignidad es un pueblo que no se deja arrodillar. Y eso, para los que gobiernan con fusiles y discursos vac\u00edos, es imperdonable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este pa\u00eds, la alegr\u00eda organizada tambi\u00e9n es una amenaza. La cultura, cuando es del pueblo y para el pueblo, se convierte en un peligro para los que gobiernan con balas y decretos. No es casualidad que a Jaime lo mataran. No fue un crimen aislado. Fue un asesinato sistem\u00e1tico, como los cientos de l\u00edderes que han ca\u00eddo en esta guerra no declarada contra la resistencia popular.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00bfqui\u00e9nes lo mataron? No es dif\u00edcil saberlo. En Colombia la impunidad es la regla, y los asesinatos de l\u00edderes sociales siempre quedan flotando en la mara\u00f1a burocr\u00e1tica de la \u00abjusticia\u00bb. Pero sabemos c\u00f3mo funciona el terror en estas tierras. Sabemos que la persecuci\u00f3n a los mineros artesanales no es un evento aislado. Mientras el Estado persigue y asesina a los que trabajan la tierra y extraen oro con sus propias manos, las multinacionales mineras avanzan como plagas, destrozando monta\u00f1as, envenenando r\u00edos, desplazando comunidades enteras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jaime no era un criminal. No era un enemigo del pueblo. Todo lo contrario. Pero en este pa\u00eds, defender la vida y el territorio es m\u00e1s peligroso que empu\u00f1ar un fusil. En Colombia, un minero artesanal tiene m\u00e1s probabilidades de ser perseguido que un banquero lavador de dinero. Un l\u00edder campesino tiene m\u00e1s posibilidades de ser asesinado que un pol\u00edtico corrupto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gobierno, con su cinismo de siempre, dir\u00e1 que \u00ablamenta profundamente el asesinato de Jaime Gallego\u00bb, que \u00abse investigar\u00e1 hasta las \u00faltimas consecuencias\u00bb. Sabemos bien qu\u00e9 significan esas palabras. No significan nada. Son los mismos discursos fr\u00edos y burocr\u00e1ticos que han seguido a cada una de las muertes de los m\u00e1s de mil l\u00edderes sociales asesinados en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas. Palabras que no traer\u00e1n de vuelta a Jaime. Palabras que no calman el dolor de su familia, de sus compa\u00f1eros, de su pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pregunta que queda es la de siempre: \u00bfqui\u00e9n se beneficia con la muerte de Jaime? \u00bfQui\u00e9n gana con su ausencia? \u00bfA qui\u00e9n le estorbaba su voz, su liderazgo, su capacidad de convocar a la gente, de hacer comunidad, de mantener viva la memoria?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos la respuesta, aunque se empe\u00f1en en disfrazarla de misterio. Lo mataron los mismos de siempre. Los que han hecho de la violencia su herramienta para perpetuarse en el poder. Los que temen a los hombres y mujeres que no bajan la cabeza. Los que han convertido el asesinato en una estrategia pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay algo que los asesinos de Jaime nunca entender\u00e1n: a un hombre como \u00abMongo\u00bb no se le mata del todo. Su sonrisa quedar\u00e1 en la memoria de los que lo conocieron, su lucha seguir\u00e1 en cada minero que defienda su derecho a trabajar la tierra sin ser criminalizado, en cada campesino que se niegue a ser desplazado, en cada joven que entienda que la cultura es una forma de resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jaime seguir\u00e1 vivo en las luchas por los derechos, en el Festival de la Gigantona, en cada tambor que retumbe, en cada danza que recuerde a los que han ca\u00eddo, en cada voz que se alce contra la injusticia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aunque el miedo y el dolor amenacen con paralizarnos, su ejemplo nos obliga a seguir. Porque la muerte de Jaime no puede ser en vano. Su asesinato no puede quedar impune. Su vida, su lucha, su sonrisa, deben convertirse en un llamado a la resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos est\u00e1n matando, s\u00ed. Pero a\u00fan no nos han vencido.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por: Camilo G\u00f3mez, Periferia Prensa La muerte en Colombia tiene nombres, fechas y coordenadas. 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