{"id":7043,"date":"2019-03-10T13:14:05","date_gmt":"2019-03-10T13:14:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.redcolombia.org\/?p=7043"},"modified":"2019-03-10T13:14:05","modified_gmt":"2019-03-10T13:14:05","slug":"tejiendo-la-verdad-de-la-violencia-sexual-contra-las-mujeres-nukaks","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redcolombia.org\/?p=7043","title":{"rendered":"Tejiendo la verdad de la violencia sexual contra las mujeres nukaks"},"content":{"rendered":"<p>23 Dic 2018.El Espectador.<\/p>\n<p>Por primera vez cuentan la historia de los abusos que han padecido por ser mujeres ind\u00edgenas y vivir en medio del conflicto armado. Buscan que se conozca la verdad para que su tragedia no se repita.<br \/>\nKelly Pe\u00f1a Riveros*<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-7044\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/nukak2-300x191.jpg?resize=640%2C407\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/nukak2.jpg?resize=300%2C191&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/nukak2.jpg?w=600&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>Ni\u00f1as nukaks jugando con sus mu\u00f1ecas rotas en el asentamiento Agua Bonita, a 15 minutos de San Jos\u00e9 del Guaviare. \/ Fotos: Kelly Pe\u00f1a Riveros.<\/p>\n<p>Naa* , una mujer de unos cincuenta a\u00f1os, se prepara para arreglar unas hojas de cumare, una palma con la que los nukaks y otros pueblos amaz\u00f3nicos realizan artesan\u00edas. La jornada de recolecci\u00f3n con las otras mujeres del asentamiento ha sido larga. Ahora est\u00e1n sentadas al calor del di\u00e1logo en la vivienda de una de las mayores mientras, con un movimiento mec\u00e1nico y seco, retiran del centro de la hoja de cumare una delegada fibra que luego secan al sol o sobre el humo de los fogones. Ellas, algunas desde sus hamacas y otras en el suelo, con las piernas rectas y los pies entrecruzados, hablan y en algunos casos amamantan mientras recuerdan.<\/p>\n<p>\u201cUnos blancos violaron a mi t\u00eda finaita, antes, mucho antes, cuando las mujeres todav\u00eda andaban desnudas. Las llevaron al pueblo, ellas no lo conoc\u00edan, era la primera vez. Violaron dos: una era la hermana de mi pap\u00e1 y la otra, la mujer de Yuyuni, que ten\u00eda como 16 a\u00f1os\u201d, dice Kande, una joven de aproximadamente 22. Kande traduce las ideas para quienes no hablamos su lengua. En ese momento, Naa\u2019 la interpela y le recuerda que fueron tres: \u201cA la mam\u00e1 de Tunachi tambi\u00e9n la violaron, ella estaba jovencita, ella ya muri\u00f3; la \u00fanica que est\u00e1 viva es Tup\u201d.<\/p>\n<p>Las mujeres violentadas de las que hablan viv\u00edan cerca al r\u00edo Guaviare, en la frontera del departamento del Guaviare con el Guain\u00eda. \u201cEn ese tiempo la primera mujer que se la llev\u00f3 un viejo, que la cogi\u00f3 a las malas, se llamaba \u00dcrima en nombre nukak; se muri\u00f3 en el parto. Ella viv\u00eda en la maloca de mi pap\u00e1. Ten\u00eda como 12 a\u00f1os y ese viejo ten\u00eda cuarenta y pucho a\u00f1os. \u00c9l ha cogido hartas ni\u00f1as: a Konta, que ten\u00eda como 15, y a Yani. Tambi\u00e9n me iba a coger a m\u00ed, pero mi pap\u00e1 fue muy celoso. \u00c9l amenaz\u00f3 a la familia de Konta porque ellos no quer\u00edan dejarla irse y no la dejaron. Las familias recib\u00edan amenazas\u201d, cuenta Numat, y otras mujeres se acercan a escuchar su relato.<\/p>\n<p>Naa, quien es madre de Konta, dice que \u201cel blanco que se la iba a llevar obligada no se la pod\u00eda llevar, porque ella era muy chiquita y no hab\u00eda hecho la iniciaci\u00f3n\u201d. Numat contin\u00faa: \u201cEs que all\u00e1 los hombres blancos no tomaban cerveza, sino que tomaban mucho guarapo y llegaban borrachos ah\u00ed a la maloca, y se acostaban en la hamaca sin permiso de nadie. Esa vez hab\u00eda muchas ni\u00f1as menores de edad. A W\u00fcbu tambi\u00e9n se la llev\u00f3 a vivir un se\u00f1or, ella ten\u00eda como 18 a\u00f1os y se la quit\u00f3 el pap\u00e1 a la mala y se alej\u00f3 de ese colono. Cuando ellos se llevaban las ni\u00f1as las pon\u00edan a cocinar, trabajaban para los obreros de la coca, pero no les pagaban, ten\u00edan sexo. Ellos las llevaban como mujeres para ellos\u201d.<\/p>\n<p>A finales de los a\u00f1os 70 y principios de los 80, la misi\u00f3n evang\u00e9lica norteamericana Nuevas Tribus consolid\u00f3 una base en medio de la selva que denominaron Laguna Pav\u00f3n I, en el nororiente del territorio del pueblo nukak, entre el r\u00edo Guaviare y el r\u00edo In\u00edrida. Cuando los misioneros se fueron de la zona comenzaron a llegar muchos colonos, cuenta Witmero. Estos misioneros eran reconocidos por protegerlas del acoso de los hombres blancos, oportunidad que no tuvieron las mujeres del occidente del territorio al sur del r\u00edo Guaviare, a la altura de Mapirip\u00e1n, en el Meta, quienes padecieron esa violencia desde sus primeros contactos. Tambi\u00e9n comentan que cuando se fueron los misioneros, los colonos campesinos dejaron de respetar a las nukaks.<\/p>\n<p>Abuso y conflicto armado<\/p>\n<p>\u201cA Wenaka la viol\u00f3 un guerrillero \u2014dice Konta\u2014. Ella ten\u00eda como veinte a\u00f1os, yo lo mir\u00e9 donde viv\u00edamos antes\u201d.<\/p>\n<p>De acuerdo con el informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado, del Centro Nacional de Memoria Historia, denominado \u201cLa guerra inscrita en el cuerpo\u201d: \u201cHabitar territorios que son disputados por los grupos armados, pero que a la par han sido desprotegidos del Estado ha significado que el conflicto armado ha tenido un impacto particular en la vida de las mujeres ind\u00edgenas\u201d. Y eso s\u00ed que lo saben las mujeres nukaks.<\/p>\n<p>La regulaci\u00f3n de la violencia sexual en el \u00e1rea rural del Guaviare, hasta hace muy pocos a\u00f1os, estaba en manos de la guerrilla de las Farc-Ep, quienes actuaban de manera paralela al Estado colombiano, creando leyes, juzgando delitos y gobernando en el territorio. No sucedi\u00f3 lo mismo frente a la violencia sexual y el acoso que viv\u00edan las mujeres nukaks. Estos delitos no fueron prevenidos ni sancionados por las Farc ni por la justicia oficial.<\/p>\n<p>Esa realidad se ve expresada en que entidades como la Defensor\u00eda del Pueblo no tienen informaci\u00f3n sobre este tipo de casos. Lo mismo pasa con la Secretar\u00eda de Salud municipal, que aduce no manejar este tipo de informaci\u00f3n dado que la base de datos de vigilancia en salud p\u00fablica (Sivigila) inici\u00f3 en el 2010 y no informan sobre estrategias de prevenci\u00f3n de este tipo de violencias. La Comisaria de Familia del municipio de San Jos\u00e9 del Guaviare, durante una reuni\u00f3n interinstitucional, afirm\u00f3 que tampoco tiene conocimiento de estos casos porque, adem\u00e1s, no existen denuncias al respecto.<\/p>\n<p>La Fiscal\u00eda sostiene que, en la actualidad, cuenta con \u201cun protocolo en caso de personas de especial protecci\u00f3n o trato diferencial en cuanto al recibimiento de la denuncia con el interlocutor de traductor\u201d. Pero la traducci\u00f3n en s\u00ed misma es insuficiente para lograr el enfoque diferencial en esta regi\u00f3n de presencia nukak. Esto llev\u00f3 a que, hace dos semanas, las nukaks participaran del Tribunal Simb\u00f3lico a la Justicia Patriarcal con otras mujeres del pa\u00eds y congresistas. All\u00ed ellas compartieron estas historias con la certeza de que \u201clo que les ha venido sucediendo es malo\u201d.<\/p>\n<p>Temen muchas veces que por vivir en zona rural \u2014donde algunas instituciones se ausentan, argumentando la presencia de actores armados ilegales\u2014, la prevenci\u00f3n, investigaci\u00f3n y sanci\u00f3n de estas violencias nunca llegue, como seguramente les pasa a las mujeres campesinas de la ruralidad guaviarense, que en ocasiones no denuncian porque no tienen red de apoyo en la zona urbana o porque la denuncia implica el desplazamiento hacia la ciudad y no tienen alternativas.<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-7045\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/nukak3-300x200.jpg?resize=640%2C426\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/nukak3.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/nukak3.jpg?w=720&amp;ssl=1 720w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>Mujer nukak prepara el cumare para secar y realizar artesan\u00edas.<\/p>\n<p>El despojo<\/p>\n<p>Con la profundizaci\u00f3n del conflicto armado en la regi\u00f3n, luego de la masacre de Mapirip\u00e1n en 1997, los nukaks padecieron el reclutamiento de adolescentes y el desplazamiento masivo de varios grupos ind\u00edgenas. Como consecuencia de esto, algunos de los grupos nukaks fueron ubicados en asentamientos \u201ctemporales\u201d de desplazados en cercan\u00edas del casco urbano de San Jos\u00e9 del Guaviare. La vida en estos lugares deton\u00f3 una crisis social y emocional que persiste y es cada vez m\u00e1s profunda, especialmente para ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes. Esto sin contar con que el acoso y abuso sexual que sufr\u00edan sus madres contin\u00faan. En algunos asentamientos, hombres que no pertenecen al pueblo llegan a altas horas de la noche buscando a las mujeres nukaks para abusar de ellas, sin que puedan defenderse.<\/p>\n<p>Aunque las entidades no tengan informaci\u00f3n al respecto, algunos de estos casos han quedado documentados por otras organizaciones. En el informe anual de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sobre la situaci\u00f3n de los derechos humanos en Colombia en el 2010, por ejemplo, se inform\u00f3 que \u201cuna ni\u00f1a del pueblo nukak de cinco a\u00f1os, del resguardo El Refugio en San Jos\u00e9 del Guaviare, fue v\u00edctima de abusos sexuales, presuntamente cometidos por un soldado del Batall\u00f3n Joaqu\u00edn Par\u00eds. Otras cuatro ni\u00f1as del mismo pueblo, de edades entre los 13 y 17 a\u00f1os, habr\u00edan sufrido actos de violencia y explotaci\u00f3n sexual por soldados de la misma unidad militar\u201d, dice el reporte.<\/p>\n<p>No obstante, la Fiscal\u00eda argumenta que, luego del juicio, el aberrante caso tuvo sentencia absolutoria. Esto, aunque la vida y las relaciones con la comunidad de estas ni\u00f1as y j\u00f3venes se resquebrajaron despu\u00e9s. Ninguna ha podido tener un desarrollo arm\u00f3nico de su identidad ind\u00edgena y han sido v\u00edctimas de violencia intrafamiliar en varias ocasiones por sus infructuosas relaciones con hombres no ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Numat, en las calles de San Jos\u00e9 del Guaviare las ni\u00f1as y adolescentes son acosadas por los hombres, quienes les dicen: \u201cVamos un rato y nosotros les pagamos\u201d, induci\u00e9ndolas en un estado de alt\u00edsima vulnerabilidad a la prostituci\u00f3n, que muchas veces viene acompa\u00f1ada de consumo de psicoactivos, como pegante o marihuana, ofrecidos por hombres no ind\u00edgenas que alientan su adicci\u00f3n, para posteriormente ofrecerles los psicoactivos como forma de pago a cambio de sexo.<\/p>\n<p>Hace ocho a\u00f1os, la Corte Constitucional, mediante el Auto 004 de 2009, resalt\u00f3 el riesgo de prostituci\u00f3n que viv\u00edan las mujeres nukaks de este pueblo, especialmente en Agua Bonita, una vereda a ocho minutos del casco urbano de San Jos\u00e9 del Guaviare. La violencia sexual se relaciona con el hecho de ser mujeres, pero, adem\u00e1s, de ser mujeres ind\u00edgenas, porque sobre ellas recaen estereotipos raciales y de clase que las sit\u00faan en el lugar de la subordinaci\u00f3n e incluso de la inhumanidad, como relata el Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado del CNMH.<\/p>\n<p>Numat cuenta que una joven de la comunidad ha sido violada en dos oportunidades: \u201c\u00d1i\u00f1iwa no nos hac\u00eda caso a nosotros. Ella se emborrachaba y un d\u00eda se mont\u00f3 en una moto y despu\u00e9s a ella la violaron dos hombres y en otra oportunidad la botaron sin ropa por la v\u00eda que conduce a Villavicencio, la encontr\u00f3 un se\u00f1or y llamaron a la polic\u00eda. Eso fue hace poquito\u201d.<\/p>\n<p>En las condiciones en que se encuentra el pueblo nukak, por las constantes salidas hac\u00eda el casco urbano y los caser\u00edos colonos, algunas han sido abusadas sexualmente bajo la coerci\u00f3n de armas de fuego. \u201cA Wubda, en el pueblo, un hombre se la convers\u00f3 y se la llev\u00f3 en una moto a un barrio y le puso un arma. Ella estaba en sano juicio y se escap\u00f3, pero se alcanz\u00f3 a rayar el cuerpo con un alambre de p\u00faas y lleg\u00f3 respirando fuerte. Eso fue como en el 2011\u201d.<\/p>\n<p>\u201cWubda \u2014contin\u00faa Numat\u2014 tambi\u00e9n tuvo un esposo no ind\u00edgena que iba con ella a la comunidad y abusaba de otras j\u00f3venes, amenaz\u00e1ndolas con un cuchillo y un d\u00eda ella fue maltratada tan ferozmente que casi muere y tuvo que ser hospitalizada\u201d. Este hecho fue denunciado y se supone que es materia de investigaci\u00f3n por las autoridades. Wubda fue la misma ni\u00f1a que vivi\u00f3 la violaci\u00f3n y el maltrato, anteriormente se\u00f1alado, que registr\u00f3 la relatora de las Naciones Unidas para Colombia.<\/p>\n<p>Sin retorno<\/p>\n<p>El pueblo nukak est\u00e1 distribuido en trece asentamientos, la mayor\u00eda fuera de su territorio, y en gran parte de ellos el acoso y el abuso sexual siguen siendo frecuentes, como suelen relatar los hombres del pueblo con suma preocupaci\u00f3n al referir las llegadas nocturnas de colonos a sus asentamientos y a sus dormitorios. La violencia no cesar\u00e1 para las nukaks hasta que ellas no retornen a su territorio.<\/p>\n<p>Ciertamente, el Acuerdo de Paz entre la insurgencia de las Farc-Ep y el Gobierno se\u00f1al\u00f3, como un gesto de voluntad de paz, reparaci\u00f3n y humanidad, que las partes se compromet\u00edan a desarrollar un programa de asentamiento, retorno, devoluci\u00f3n y restituci\u00f3n de los territorios del pueblo ind\u00edgena nukak; sin embargo, este a\u00fan parece ser un proceso lento y sin muchas salidas. Esto teniendo en cuenta que dentro del Resguardo Ind\u00edgena Nukak-Mak\u00fa a\u00fan permanecen y transitan los hombres del Frente Primero de las disidencias de las Farc, que en el a\u00f1o 2016 hicieron visible su renuencia al Acuerdo de Paz firmado.<\/p>\n<p>El pueblo nukak es parte de los 33 pueblos ind\u00edgenas de Colombia que tienen un riesgo excepcional de extinci\u00f3n f\u00edsica y cultural, seg\u00fan la Corte Constitucional. \u201cNosotras venimos trabajando con el pueblo nukak el confinamiento y el desplazamiento, porque al estar fuera de su territorio se le violan todos sus derechos. Las violencias se han disparado, muchas por el tema econ\u00f3mico y de alimentaci\u00f3n. La gente dice que es cultural, pero no es cultural, pero esa misma necesidad hace que la ni\u00f1a no se estudie, y eso la hace m\u00e1s vulnerable a la violencia sexual. A nivel nacional, las mujeres ind\u00edgenas que hemos querido hablar somos amenazadas; por eso se callan las mujeres ind\u00edgenas, sobre todo las mujeres lideresas, que somos poquitas. La lucha tan grande para que salgan, por ejemplo, mujeres ind\u00edgenas periodistas y nos matan a las compa\u00f1eras. Eso hace que nos callen y la vulneraci\u00f3n se agudice\u201d, afirma al respecto Alejandrina Pastor Gil, consejera de mujer, familia y generaci\u00f3n de la ONIC.<\/p>\n<p>Casarse para malvivir<\/p>\n<p>Aunque algunas nukaks se \u201ccasan\u201d por consentimiento propio, muchas se ven presionadas por un contexto altamente discriminador, donde es usual escuchar que su corporalidad \u2014la forma en la que adornan su cuerpo y cortan sus cabellos\u2014 es fea y salvaje, siendo objeto de constantes burlas. Son tratadas como seres inferiores. \u201cNos tratan como animalitos\u201d, expresa Numat y contin\u00faa: \u201cYo una vez, cuando est\u00e1bamos lavando ropa, le dije a mi mam\u00e1: \u2018La vida de los hombres blancos no es como lo que usted vive; usted vive en un planeta rico, usted despierta a hora que usted quiere. En cambio uno vivirse con un blanco, lavarle ropa, hacerle aseo, eso se complica. A veces nos pegan como si fu\u00e9ramos hijas de ellos. Yo me siento muy triste al verme causar esos problemas en la calle. \u00bfSe acuerda que yo quer\u00eda casar con un nukak? Y eso que yo ya dej\u00e9 de tomar, yo busco otra vida\u2019\u201d.<\/p>\n<p>Numat termina de sacar las fibras del cumare y antes de acabar la conversaci\u00f3n sobre estas historias silenciadas dice: \u201cYo quisiera que a las muchachas las dejaran de molestar los kawene (los blancos)\u201d, y propone salidas a tanta desesperanza: \u201cSer\u00eda bueno que nos acompa\u00f1en para vender nuestras artesan\u00edas, porque a nosotras nos pagan muy poquito y esto nos cuesta mucho trabajo. Que est\u00e9n pendientes de nosotras los del Gobierno, que nos protejan, que nos escuchen. Que nos acompa\u00f1en con actividades de la cultura para que las muchachas no se aburran\u201d, culmina y se para a juguetear con su hija. Las otras mujeres se llevan sus hilachas de fibra para sus casas, para que cuando est\u00e9 todo listo puedan hacer manillas y canastos, que venden para sobrevivir a las dificultades que puso en sus vidas el contacto con los blancos y el conflicto armado.<\/p>\n<p>*Algunos nombres y lugares fueron cambiados o no son mencionados para protecci\u00f3n de las mujeres que contaron su historia y la de sus familiares.<\/p>\n<p>**Este trabajo fue elaborado con el apoyo del Consejo de Redacci\u00f3n y del Comit\u00e9 Internacional de la Cruz Roja (CICR), en el marco de la edici\u00f3n 2018 del curso virtual Conflicto, violencia y DIH en Colombia: herramientas para periodistas. Las opiniones presentadas en este art\u00edculo no reflejan la postura de ninguna de las dos organizaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>23 Dic 2018.El Espectador. Por primera vez cuentan la historia de los abusos que han padecido por ser mujeres ind\u00edgenas y vivir en medio del <a href=\"https:\/\/www.redcolombia.org\/?p=7043\" class=\"read-more-link\">[more&#8230;]<\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on wp_trim_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on wp_trim_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":7046,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[305],"class_list":["post-7043","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","tag-indigenas"],"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.redcolombia.org\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/portada-nukak-e1552223613950.jpg?fit=540%2C360&ssl=1","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7043","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7043"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7043\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7047,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7043\/revisions\/7047"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/7046"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7043"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7043"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redcolombia.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7043"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}