{"id":6383,"date":"2018-07-18T02:07:02","date_gmt":"2018-07-18T02:07:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.redcolombia.org\/?p=6383"},"modified":"2018-07-18T02:07:02","modified_gmt":"2018-07-18T02:07:02","slug":"despolitizacion-caminos-hacia-la-reproduccion-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redcolombia.org\/?p=6383","title":{"rendered":"Despolitizaci\u00f3n: caminos hacia la reproducci\u00f3n de la muerte"},"content":{"rendered":"<p class=\"post-meta\"><span class=\"published\">Jul 16, 2018<\/span>. La Siniestra.<\/p>\n<p>Oscar Pedraza<\/p>\n<p>El chiste es citar ese poema de Brecht en el que primero se llevan a un alguien y nadie hace nada, pero luego se lo llevan a uno y ni pedirle ayuda a los zapatos, porque ya nadie est\u00e1 para esuchar. Esa alusi\u00f3n, esa denuncia de la imperceptible relaci\u00f3n solidaridad-desidia-violencia, tiende a afirmar lo que deber\u00eda ser una postura \u00e9tica ante la injusticia. Pero como tantas frases normalizadas en las izquierdas, su efecto tiende a evitar preguntarse por la materialidad de la violencia y la impunidad, es decir, afirma un lugar moral para condenar la violencia mientras esta se reproduce y transforma de manera impune.<\/p>\n<p>Ahora bien, decir \u201cla violencia\u201d puede ser no decir nada, o decir todo que es como no decir nada. Podr\u00eda decir que, a pesar de que sabemos que existen una multiplicidad de violencias que operan en la vida, el referente privilegiado ha sido el conflicto armado \u2013 o mejor, eso que se ha llamado gen\u00e9ricamente \u201cconflicto armado\u201d, motivo de no pocas peleas en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas-. De ah\u00ed que cuando se hable de violencia se tiendan a imaginar las pr\u00e1cticas que generalmente se asumen como constitutivas de ese conflicto.<\/p>\n<p>Pero la violencia no es un acto autocontenido que se explique por s\u00ed mismo. De hecho, considerarla as\u00ed es despojarla de su car\u00e1cter pol\u00edtico, del lugar que tiene en las relaciones de poder. En las mesas de seguimiento entre instituciones y movimientos sociales se ha logrado establecer que una arremetida armada -un ataque f\u00edsico- suele estar precedida de lo que se denomina \u2018estigmatizaci\u00f3n\u2019, es decir, una variedad de procedimientos dise\u00f1ados para desplazar al objetivo hacia el campo del enemigo y as\u00ed, lentamente generar las condiciones de posibilidad de un ataque.<\/p>\n<p>El problema es que los ataques ya no son exactamente los mismos de antes. Las tipolog\u00edas de la muerte en el contexto de la violencia pol\u00edtica han cambiado, y esto es algo que de una u otra manera ha sido reconocido por partidos, ONG y movimientos de izquierda. Pero una cosa es que se enuncie y otra que se haga un esfuerzo profundo por entender lo que significa el reordenamiento del aparato represivo y las disposiciones emergentes de la violencia para reproducir el orden de poder contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Digo emergente para no decir nuevo, porque muchos de estos procedimientos se han repetido en diferentes momentos y con efectos devastadores. Las \u201cfuerzas oscuras\u201d de las que lleg\u00f3 a hablar Barco para no enunciar agentes, instituciones y redes de poder que orientaron la m\u00e1quina del genocidio a la UP y otras organizaciones son un buen ejemplo. A mi pap\u00e1, v\u00edctima de desaparici\u00f3n forzada, me lo pintaron un d\u00eda en una revista como un man que se hab\u00eda ido a comprar cigarrillos, y otro d\u00eda en Cambio 16 como un tipo que se hab\u00eda vuelto adicto al bazuco en C\u00facuta. Para un ni\u00f1o de 8 a\u00f1os explicarle a sus profesores qu\u00e9 era una desaparici\u00f3n forzada y porqu\u00e9 lo que dec\u00edan en las noticias no era cierto fue, cuando menos, un reto. Maria Isabel Rueda se atrevi\u00f3 a decir del asesinato-desaparici\u00f3n de Jaime Gomez que la izquierda jod\u00eda tanto que no pod\u00eda imaginar que un l\u00edder de izquierda se cayera por un barranco. La izquierda, seg\u00fan ella, ten\u00eda el mismo derecho que todos a tropezarse.<\/p>\n<p>Dicho de una manera m\u00e1s clara, la violencia pol\u00edtica, espec\u00edficamente su rol como dispositivo represivo no opera \u2013 y nunca lo ha hecho- exclusivamente a trav\u00e9s del acto extraordinario del asesinato o la desaparici\u00f3n, y aunque en las tipolog\u00edas estad\u00edsticas de las organizaciones de derechos humanos se incluyen tanto actos de violencia f\u00edsica como amedrentamientos o amenazas, se ha privilegiado la violencia f\u00edsica, tomando otras acciones como el contexto de algo que puede resultar en violencia f\u00edsica. Es cierto que la muerte, la desaparici\u00f3n, el desplazamiento o la tortura tienen todos objetivos diferentes, pero comparten una manera particular de permanencia y de capacidad de desplegarse en la cotidianidad, buscando la par\u00e1lisis de la vida, garantizando el sometimiento. Entendidas as\u00ed, est\u00e1s pr\u00e1cticas tienen la capacidad de organizar la vida de las personas y colectivos, es decir, tienen un efecto administrativo.<\/p>\n<p>El asunto es que la efectividad pol\u00edtica de la muerte est\u00e1 mediada por la forma en que otras formas de par\u00e1lisis y sometimiento se despliegan en la vida tambi\u00e9n. Los falsos positivos, por ejemplo, operaron en la impunidad, llegando a cifras inveros\u00edmiles hasta que no explot\u00f3 el esc\u00e1ndalo. Por supuesto, esto no quer\u00eda decir que organizaciones y movimientos no estuvieran gritando desesperados en todas partes que a la gente la estaban matando y haciendo pasar por terrorista. Lo que s\u00ed quer\u00eda decir es que no importaba c\u00faanto gritaran ni que tan evidente hicieran la existencia de una pol\u00edtica de incriminaci\u00f3n y asesinato de personas que no participaban activamente en la guerra, porque en el \u00e1mbito p\u00fablico no era posible si quiera poner en duda la legitimidad de esas muertes, definidas como bajas.<\/p>\n<p>Los procedimientos para hacer leg\u00edtima la muerte son variados, e incluyen dos que ahora mismo pueden ser especialmente importantes: el horizonte de lo legal y los medios de comunicaci\u00f3n. Como las l\u00edneas que definen la legitimidad de lo legal son arbitrarias y dependen de relaciones de poder que dibujan el campo de lo que es considerado legal o leg\u00edtimo, no estoy diciendo nada nuevo cuando asumo que el aparato legal es un arma y que hay cierta arbitrariedad en lo que define una muerte como leg\u00edtima. Ahora bien, esto s\u00ed suena extra\u00f1o para quienes asumen la ley como una serie de regulaciones carentes de historia y por fuera de las relaciones de poder, casi sagradas. Curiosamente, es precisamente la negaci\u00f3n radical a pensar la historicidad de la ley y su rol como arma, como dispositivo de ordenamiento de la vida, como parte de una m\u00e1quina de guerra, lo que permite la muerte y la represi\u00f3n se despliegue, se legitime y se reproduzca en silencio frente a todos nosotros.<\/p>\n<p>Las organizaciones de derechos humanos, por ejemplo, han sido muy eficaces en exponer los dispositivos de la violencia, de capturarlos en tipolog\u00edas jur\u00eddicas y de actuar con base en eso. As\u00ed, se han creado todo tipo de bases de datos e informes que explican y ordenan historias de violencia a trav\u00e9s de patrones, que a su vez permiten la definici\u00f3n de alg\u00fan tipo de estrategia jur\u00eddica. Por supuesto, eso nos lleva a preguntarnos qu\u00e9 pasa con lo que no puede ser capturado a trav\u00e9s de esas tipolog\u00edas, lo que se requiere para crearlas o lo que se ampara en el terreno de la legalidad para sostener la represi\u00f3n.<\/p>\n<p>No es solo que lo que se captura legalmente pasa como algo incuestionable, sino que su cuestionabilidad est\u00e1 determinada por la forma en que se avala por los aparatos legales. Mejor dicho. La legitimidad de la discusi\u00f3n pol\u00edtica en torno a ciertos temas es posible solo a trav\u00e9s de su valoraci\u00f3n legal. As\u00ed, por ejemplo, los falsos positivos son \u201calgo\u201d cuando empiezan a ser un ruido en el \u00e1mbito legal, o el asesinato de los l\u00edderes sociales requiere una discusi\u00f3n fundamentalmente legalista que asuma un algo que se llama \u201csistematicidad\u201d -motivo, creo yo, de un escrito en s\u00ed mismo- para que sean considerados un problema. En eso aparece un problema muy serio: la discusi\u00f3n de lo pol\u00edtico, al desplazarse a la legitimidad que pueda -o no- dar el mundo judicial como determinante de estatus o veracidad, termina por generar un espacio de incertidumbre profundo, en el que siempre es posible debatir las razones de la muerte, trivializarlas y retorcerlas hasta instaurar un manto de duda cuyo \u00fanico objetivo real es la impunidad.<\/p>\n<p>Los casos de asesinatos se presentan como hechos aislados o cuya motivaci\u00f3n es indeterminable o producto de enredos privados y locales. Los medios y modos se oscurecen, la materialidad de las disputas territoriales se enreda en la necesidad de buscar la transparencia, de encontrar el culpable, de hacer algo que es un enredo oscuro, algo legible y capturable en categor\u00edas jur\u00eddicas para la acci\u00f3n. Pero entonces empieza a proliferar la muerte en la forma de casos aislados: dos aqu\u00ed hoy, tres en una semana all\u00e1, otro caso a las dos semanas en un lugar perdido del Cauca, dos ind\u00edgenas al d\u00eda siguiente en el sur del pa\u00eds. Y as\u00ed.<\/p>\n<p>A lo que nos enfrentamos es a algo profundamente m\u00e1s dif\u00edcil que la pugna por la visibilidad de los casos: estamos frente a una transformaci\u00f3n que, hasta ahora, hemos sido incapaces de nombrar, y en ese proceso, la ilegibilidad de las nuevas formas de matar reproducen el silencio que permite su existencia impune. Dicho de otra manera, la obsesi\u00f3n de organizaciones, movimientos, activistas, ONG y acad\u00e9micos por encontrar el c\u00f3digo que articula todas las muertes para ser codificados en los aparatos morales y legales de los derechos humanos, la ley, la cooperaci\u00f3n internacional y el \u00e1mbito p\u00fablico, nos est\u00e1 impidiendo pensar qu\u00e9 est\u00e1 pasando con las muertes del presente. Lo que es m\u00e1s importante, no est\u00e1 impidiendo dar cuenta de c\u00f3mo se diferencian de las muertes del pasado.<\/p>\n<p>La categor\u00eda l\u00edder debe tener una trayectoria, una genealog\u00eda. No me atrever\u00eda a decirlo contundentemente, pero tengo la impresi\u00f3n de que tiene que ver con una cierta despolitizaci\u00f3n de los trabajos de base-territorial. La idea de que lo \u201cpol\u00edtico\u201d significa un v\u00ednculo directo con alg\u00fan partido ha sido repetida una y otra vez tanto por los medios de comunicaci\u00f3n como por multiplicidad de organizaciones de derechos humanos, entidades estatales y agencias de cooperaci\u00f3n. Por supuesto, no todas las personas asesinadas hacen parte de un partido o una tendencia, y en esa medida \u201clider\u201d es una categor\u00eda amplia que permite incluir diferentes trayectorias y experiencias. Sin embargo, a la gente no la est\u00e1n matando por decidir a J Balvin por encima de Maluma. En la b\u00fasqueda de una palabra que permita recoger la pluralidad de experiencias y trayectorias de quienes est\u00e1n siendo asesinados, se ha terminado por asumir una noci\u00f3n restringida de lo pol\u00edtico, situ\u00e1ndolo exclusivamente como el lugar formal de partidos y lo que esto conlleva. Pero a la gente la est\u00e1n matando por relaciones de poder concretas, por hacer parte de juntas de acci\u00f3n comunal, coaliciones, colectivos y movimientos. Por discutir cosas, por hacer de las relaciones de poder. Es decir, por asumir una noci\u00f3n de lo pol\u00edtico que es mucho m\u00e1s amplia que aquella sobre la cual est\u00e1n operando instituciones, ONGs, periodistas y expertos. La categor\u00eda l\u00edder, en ese orden de ideas, ha terminado por deshistorizar los lugares concretos que producen los conflictos pol\u00edticos y por esa misma v\u00eda, han terminado por hacer invisible la materialidad de la violencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, ese no es el \u00fanico problema. A la gente la est\u00e1n matando, pero tambi\u00e9n la est\u00e1n matando distinto. Las masacres espectaculares se hab\u00edan reducido, las muertes de figuras prominentes tambi\u00e9n, las desapariciones pol\u00edticas que retumbaban en la vida de los sobrevivientes ya no tienen el mismo car\u00e1cter de los \u00faltimos treinta a\u00f1os. Quienes han trabajado en el mundo de los derechos humanos han sido capaces de construir tipolog\u00edas que tambi\u00e9n se convierten en patrones y estrategias de acci\u00f3n. Casi siempre estas tipolog\u00edas han estado sostenidas por la existencia de un conflicto armado que puede ser demarcado temporalmente, con actores y motivaciones espec\u00edficas. Han sido soportadas por un arsenal de libros e informes en los que las formas, las pr\u00e1cticas, los actores y las periodizaciones se han estabilizado. Acad\u00e9micos, ONG y expertos de todo tipo que han construido una taxonom\u00eda del conflicto armado sobre la cual se construyen argumentos pol\u00edticos, \u00e9ticos y jur\u00eddicos. Sin embargo, en los \u00faltimos a\u00f1os las condiciones de la muerte y las disposiciones que ensamblan los asesinatos escapan a esos marcos de interpretaci\u00f3n ya establecidos. A\u00fan as\u00ed, la obsesi\u00f3n con la construcci\u00f3n de patrones y definiciones jur\u00eddicas sigue definiendo las formas de acci\u00f3n, oscureciendo la posibilidad de comprensi\u00f3n del car\u00e1cter pol\u00edtico de estos dispositivos de matar. Esto sucede precisamente porque la b\u00fasqueda de capturar un evento pol\u00edtico en una categor\u00eda jur\u00eddica obliga a delimitar, cortar, expulsar y organizar el evento de tal manera que sea incluible en la categor\u00eda a usar.<\/p>\n<p>Giorgio Agamben, al hablar de la vida desnuda, sugiere que existe una idea cada vez m\u00e1s extendida en la que la protecci\u00f3n de la vida se impulsa a pesar del tipo de vida que se quiere proteger. Su punto est\u00e1 en que al defender la vida por la vida -la defensa de un bulto de carne que respira, palpita y mantiene el flujo de la sangre oxigenada para no perecer-, se puede caer en olvidar las condiciones de miseria en la que la gente existe, as\u00ed como generar un dislocamiento entre los lugares de enunciaci\u00f3n pol\u00edtica que desatan la muerte y el acto de matar. A los \u201clideres\u201d parece que se les defiende a pesar de sus luchas, al punto en que estas se desconocen y se disocian de quienes las promueven. El efecto termina siendo la defensa de una categor\u00eda abstracta de un \u201cl\u00edder\u201d, y no la materialidad de sus luchas, conflictos, planteamientos y demandas. El hecho de que se fracturen las condiciones materiales y pol\u00edticas del asesinato, del acto de matar, termina por oscurecer la muerte y apelar a una idea moralista de la defensa de la vida, que se reafirma en la negaci\u00f3n de lo pol\u00edtico. A estas alturas, no solo defender la vida es suficiente. Es necesario resistirse a la fractura entre las condiciones pol\u00edticas y materiales y los actos de matar, para poder profundizar el car\u00e1cter pol\u00edtico de las formas emergentes de violencia y poder, tal vez, encontrar maneras de detener esta masacre a cuentagotas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jul 16, 2018. La Siniestra. 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