{"id":5630,"date":"2017-11-12T13:30:29","date_gmt":"2017-11-12T13:30:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.redcolombia.org\/?p=5630"},"modified":"2017-11-12T13:30:29","modified_gmt":"2017-11-12T13:30:29","slug":"el-libro-de-los-hornos-crematorios-de-los-paras-que-se-llevo-el-simon-bolivar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redcolombia.org\/?p=5630","title":{"rendered":"El libro de los hornos crematorios de los paras que se llev\u00f3 el Sim\u00f3n Bol\u00edvar"},"content":{"rendered":"<div>Por Colaborador Pacifista Publicado Noviembre 10, 2017 En Historias Todas las fotos por Javier Osuna. Tomadas del libro \u2018Me hablar\u00e1s del fuego, los hornos de la infamia\u2018 Este es el pr\u00f3logo del libro \u2018Me hablar\u00e1s del fuego, los hornos de la infamia\u2019 escrito por Javier Osuna y publicado en el a\u00f1o 2015. Por esta obra, Osuna recibi\u00f3 el pasado jueves 9 de noviembre un reconocimiento del jurado del Premio Nacional de Periodismo Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Por Ra\u00fal Zurita Es el anciano Pr\u00edamo rog\u00e1ndole a Aquiles que le devuelva el cad\u00e1ver de su hijo. El horror del mundo se ha encargado de reiterar esa escena incontables veces, con la salvedad de que en el poema Aquiles se apiadar\u00e1 de ese padre que llora abrazado a sus rodillas y le entregar\u00e1 el cuerpo de su hijo muerto. Las sobrecogedoras p\u00e1ginas de este libro nos hablan de cientos de seres: mujeres, hombres, ni\u00f1os, que fueron asesinados por el frente Fronteras de las Autodefensas Unidas de Colombia; cuyos cuerpos no fueron devueltos, que no encontraron la sanci\u00f3n b\u00e1sica, inscrita en el coraz\u00f3n de lo humano, de una sepultura donde sus deudos pudieran llorarlos. M\u00e1s a\u00fan, que fueron desenterrados por sus mismos verdugos de las fosas comunes en las que los arrojaron e incinerados en hornos crematorios para que no quedasen trazas de sus restos. \u2018Me hablar\u00e1s del fuego\u2019 fue escrito para que oy\u00e9semos las voces de esos cuerpos reducidos a cenizas, para que escuch\u00e1semos su existencia en lo m\u00e1s querido de nuestras existencias. Javier Osuna al escribir este libro ha expuesto su vida para que ellos nos contaran sus vidas, para que nos hablaran del fuego, para que nos dijeran que no han muerto: Las p\u00e1ginas de este libro son el testimonio vivo de seres humanos que no han muerto. Ninguna de las voces que hablan en estas p\u00e1ginas corresponden a la historia de seres humanos que necesitan de alguien para hablar por ellos, pueden hacerlo en su propio tono a trav\u00e9s del testimonio de sus acciones en el pasado, de sus lazos emotivos con los seres que amaron. Est\u00e1n vivos, nos afirma Javier Osuna, y entendemos de golpe que una de las condiciones m\u00e1s paradojales de lo humano es que vivir es darles precisamente a las v\u00edctimas de lo humano la oportunidad de un final distinto. Ese y no otro es el testimonio de este libro; escuchar a los que fueron muertos, desmembrados, incinerados, y que danzan a\u00fan en sus cenizas cont\u00e1ndonos de los seres y las cosas que amaron, de los paisajes que vieron, del cielo de la \u00faltima ma\u00f1ana o de la \u00faltima tarde que precedi\u00f3 a sus capturas, a sus tormentos, a sus asesinatos. Estas p\u00e1ginas testimonian el horror, el horror irreductible, irreparable, al mismo tiempo que muestran los vislumbres de una piedad y de una esperanza que anclada en esas cenizas invisibles nos dice que esa masa de polvo, mares, sangres y l\u00e1grimas que sin m\u00e1s llamamos el mundo tiene vocaci\u00f3n de para\u00edso. Que lo que estaba escrito era la bondad y el amor, la solidaridad, que de eso hablan cada mol\u00e9cula de lo existente, cada c\u00e9lula de nuestros cuerpos, cada amanecer y cada noche, y que por eso mismo, porque la crueldad y el crimen no estaban decretadas en el holograma de lo existente, el asesinato es infinitamente m\u00e1s asesinato y el genocida es infinitamente m\u00e1s genocida. Cada l\u00ednea de \u2018Me hablar\u00e1s del fuego\u2019 nos est\u00e1 diciendo, nos grita, que aunque no existan palabras ni lenguajes que puedan describir la enormidad infernal de esos cr\u00edmenes, el momento exacto en que un cuerpo martirizado, torturado hasta lo indecible, pasa a ser un cuerpo muerto; nosotros los sobrevivientes, un solo asesinado hace que la tierra entera sea una tierra de sobrevivientes, debemos encontrar esas palabras, debemos crear ese lenguaje, para poder decir el amor que ese cuerpo que mor\u00eda no alcanz\u00f3 a decir, para poder nosotros juntar las manos que no alcanzaron a juntarse, para despedir nosotros a los que no pudieron despedirse. Si hay una militancia, si hay una religi\u00f3n que cuente, ella no es otra que la de pronunciar las palabras que los muertos, los masacrados deb\u00edan a\u00fan decir. Exactamente esa militancia y esa religi\u00f3n es la que nos hace presente \u2018Me hablar\u00e1s del fuego\u2019. Al decirnos entonces que no est\u00e1n muertos, que ninguna de las voces que hablan en este libro corresponden a la historia de seres humanos que necesitan de alguien para hablar por ellos; Javier Osuna nos recuerda la cara a la vez sombr\u00eda y radiante de un evangelio en el que, m\u00e1s all\u00e1 de la irrealidad de la fe o de la descreencia, est\u00e1n contenidas nuestras vidas, nuestro amor sofocado, nuestro anhelo de una esperanza tan enorme como la magnitud de la desgracia. En un mundo de v\u00edctimas y victimarios, de asesinos y asesinados, de genocidas y ciudades exterminadas, Javier Osuna ha escrito un testimonio que vuelve a hacer presente la sentencia del evangelio, del evangelio de los m\u00e1s pobres, de los m\u00e1s postergados y sufrientes de Latinoam\u00e9rica, el evangelio de la mayor\u00eda de los que fueron masacrados e incinerados por el frente Fronteras: y seguramente tambi\u00e9n el evangelio de los que los mataban: Yo soy la resurrecci\u00f3n y la vida. Lo que este libro nos dice es que cada vivo es la resurrecci\u00f3n y la vida de cada muerto. Eso, creo, es lo que se llama ser una humanidad. En un continente entonces donde la tortura, el asesinato, la desaparici\u00f3n sistem\u00e1tica de personas ha contado con el silencio, la anuencia o la complicidad de los poderes, al menos cuando no fue directamente una pol\u00edtica de Estado, la memoria es el \u00fanico privilegio que la vida puede alzar sobre la muerte. Porque la memoria no es solo la memoria de los cr\u00edmenes que aqu\u00ed se cometieron, sino tambi\u00e9n la memoria de los cr\u00edmenes que se pudieron evitar y que no se evitaron. Nadie entonces que lea este libro est\u00e1 del todo exento de las denuncias que en \u00e9l se formulan. Si podemos hablar de derechos humanos, de los derechos inalienables de absolutamente todos, incluidos los genocidas, los torturadores, los asesinos, es porque unas de las condiciones m\u00e1s implacables de estar vivos es que las consecuencias de los actos individuales, por menores que nos parezcan, jam\u00e1s escapan de sus consecuencias colectivas y que los actos colectivos siempre tienen una resoluci\u00f3n en la intimidad de cada individuo. En ese entramado de nervios y sangre que persistimos en denominar lo humano, cada uno de nosotros es actor no solo de sus acciones sino de las acciones de todos. Si tiene a\u00fan alg\u00fan sentido hablar de una humanidad es por eso. No estamos implicados solo en nuestras faltas y yerros sino en todas las faltas y yerros, en cada pan que se reparti\u00f3 mal y en cada fruto que no lleg\u00f3 a destino, en cada guerra y hero\u00edsmo, en todas las flaquezas, sue\u00f1os y delaciones de las que somos protagonistas desde el comienzo del mundo hasta que el \u00faltimo ser humano contemple el \u00faltimo de los atardeceres. Lo que Javier Osuna nos muestra entonces es que todo crimen es un genocidio y que en cada ser humano torturado o asesinado, se tortura y se asesina a la humanidad entera. Sobrevivientes diarios de una violencia que siempre nos concierne, no somos solo responsables por los ca\u00eddos sino que tambi\u00e9n somos responsables por sus verdugos. Ellos no nacieron en un planeta desconocido ni en otra galaxia, sino en nuestras mismas ciudades y caser\u00edos, frecuentaron y abandonaron las mismas escuelas que frecuentamos o abandonamos, se sentaron en los mismos bancos. El vislumbrar, aunque sea por un instante, que no solo pudimos ser una de las v\u00edctimas del frente Fronteras, sino que tambi\u00e9n pudimos ser uno de sus verdugos, es quiz\u00e1s el aprendizaje m\u00e1s doloroso que las sucesivas tragedias de nuestra historia nos ense\u00f1an. Desde lo m\u00e1s atroz e inconsolable del crimen y de la crueldad, Javier Osuna ha escrito un libro dolorosamente magistral, de una extra\u00f1a y emocionada belleza que arranca, creo, del hecho de que no contiene odio, est\u00e1 el espanto, el horror, la conmoci\u00f3n, pero no el odio. Escrito con una valent\u00eda y honestidad ejemplares, nadie que lea puede sustraerse de la perentoriedad de su llamado. Al entregarle su voz a los desaparecidos, a cada una de las 560 personas que fueron inmoladas por el frente Fronteras (es decir, que fueron inmoladas en la tierra entera), les entrega tambi\u00e9n la voz a sus asesinos d\u00e1ndoles la posibilidad a los victimarios, sino de un perd\u00f3n, s\u00ed tal vez la de emprender una nueva vida. Es algo concreto; quien escribi\u00f3 este libro ha sido amenazado, acosado, perseguido, incendiaron el departamento en que viv\u00eda y su vida corre peligro. Este libro lo leer\u00e1n los que fueron victimarios y encontrar\u00e1n aqu\u00ed sus nombres. Algunos de ellos est\u00e1n a punto de cumplir sus condenas y saldr\u00e1n pronto libres. A ellos les corresponde, m\u00e1s que a nadie, velar por su vida, cuidar de que no sea tocado. Ser\u00e1 as\u00ed, y con ello lo irreparable dejar\u00e1 de ser ant\u00f3nimo de la esperanza.<\/p>\n<p>Copyright: <a href=\"http:\/\/pacifista.co\/el-libro-de-los-hornos-crematorios-de-los-paras-que-se-llevo-el-simon-bolivar\/\">http:\/\/pacifista.co\/el-libro-de-los-hornos-crematorios-de-los-paras-que-se-llevo-el-simon-bolivar\/<\/a> .<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Colaborador Pacifista Publicado Noviembre 10, 2017 En Historias Todas las fotos por Javier Osuna. 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