Territorio en disputa

Paul Salgado
Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (RedHer)
13 de marzo de 2019

La selva en llamas, las explosiones de bombas de gas cil铆ndricas, la tierra quemada y los helic贸pteros militares y los disparos nocturnos aterrorizan a el聽 Aserrio, un pueblo peque帽o en el lado de las aguas rocosas del r铆o Catatumbo en el Norte de Santander.
Miedo, desplazamientos, y un toque de queda marca las vidas de las familias de este pueblo, y tambi茅n de San Pablo, m谩s arriba en el ca帽贸n del r铆o, a menos de 100 kil贸metros de la frontera con Venezuela.
Sobrecogidos por las plantaciones de coca y las interminables confrontaciones entre los guerrilleros del ELN y el ej茅rcito colombiano, las vidas inciertas y precarias de los campesinos del Catatumbo desmienten las afirmaciones de los medios de comunicaci贸n de que Colombia ha logrado la paz.
鈥楶ara los medios de comunicaci贸n no pasa nada aqu铆. Los periodistas dicen que nuestro territorio est谩 militarizado, pero nunca dicen por qu茅, o hablan de c贸mo se ve afectada la gente,鈥 relat贸 un l铆der de la Junta de Acci贸n Comunal en una reuni贸n de campesinos convocada por investigadores del Equipo Jur铆dico Pueblos, acompa帽ada por observadores internacionales de RedHer en el Aserrio.

El d铆a anterior, los insurgentes del ELN hab铆an intentado atacar a los militares en las monta帽as sobre este pueblo, lanzando bombas utilizando cilindros de gas como morteros. El ej茅rcito respondi贸 con morteros y granadas cuyas explosiones aterrorizaron a la gente y causaron incendios que a煤n estaban quemando plantaciones de coca y selva mientras los campesinos relataban la confrontaci贸n 30 horas despu茅s.
Los soldados dispararon indiscriminadamente durante horas, golpeando casas en Aserrio con balas que atravesaron los techos fr谩giles de hojalata y golpearon las paredes de las habitaciones de los ni帽os.
Una campesina mostr贸 a los investigadores el v铆deo que tom贸 en su celular, una pel铆cula que recuerda a las grabadas por los civiles atrapados en sus hogares en la primera l铆nea de la guerra civil en Siria.
El terror golpe贸 a los ni帽os acurrucados por una cama cubierta de peluches, mientras que incre铆blemente fuertes r谩fagas de fuego de rifle autom谩tico y explosiones de granadas sacudieron las ventanas de su habitaci贸n.
鈥楲a gente estaba desesperada por los disparos,鈥 ella relat贸, 鈥榟ubo p谩nico, los ni帽os muy asustados.鈥
Otros campesinos organizados en el Comit茅 para la Integraci贸n Social en el Catatumbo (CISCA), informaron c贸mo las fuerzas de seguridad de la empresa petrolera estatal colombiana, Ecopetrol, acompa帽ados por soldados, patrullan sus tierras para hacer cumplir, en efecto, un toque de queda de estilo marcial.

鈥楨llos declaran que nadie puede moverse durante la noche o que ser谩n fusilados, porque seg煤n ellos, 鈥渓os que est谩n afuera en la noche son guerrilleros鈥,鈥 dijo un hombre.

鈥楴os preocupa que nos maten un muchacho de la vereda y lo pasen como guerrillero, sabemos que vivimos en una zona dif铆cil, pero no somos guerrilleros y de eso nos tildan, y por eso vivimos las consecuencias de la guerra, los abusos de la fuerza p煤blica,鈥 dijo.

Los l铆deres del CISCA describieron c贸mo Ecopetrol explot贸 la riqueza petrolera de su territorio pero no contribuy贸 al desarrollo de聽 la comunidad.

鈥楲a presencia militar y el dinero para proteger a ellos son excesivos, pero Ecopetrol nunca est谩 interesada en nosotros, no se molesta en capacitar la gente de aqu铆 y nunca emplea a trabajadores de aqu铆,鈥 explic贸 un hombre.

Los l铆deres del Congreso de los Pueblos en San Pablo confirmaron las afirmaciones de sus compa帽eros del CISCA. 鈥楨n el Catatumbo hay un soldado por cada 100 campesinos, pero solo un m茅dico por cada 6.000 personas. Los militares tratan este territorio como si lo estuvieran ocupando, y como si todos los que estamos aqu铆 son el enemigo,鈥 coment贸 un hombre.

Las campesinas que se refugiaron en San Pablo luego de ser desplazadas de sus tierras informaron c贸mo los soldados hab铆an ocupado su finca. 鈥楬ab铆a combates y estaban pasando las balas y las explosiones cerca de la casa, el helic贸ptero llega y comienza a hacer r谩fagas de disparos y esto nos preocupa porque pueden caer en la casa. No ten铆amos m谩s remedio que irnos, y ahora hemos perdido nuestra cosecha.鈥

La evidencia proporcionada a los investigadores del EJP y a los observadores internacionales de RedHer en聽 el Aserrio, San Pablo y tambi茅n聽 El Tarra, donde m谩s de 100 campesinos han sido desplazados por el aumento de las incursiones militares y las ocupaciones de fincas, contradice la afirmaci贸n del gobierno de que no hay conflicto en Colombia.

鈥楽e est谩n produciendo olas de desplazamientos masivos debido a amenazas de muerte, hostigamiento y enfrentamientos,鈥 declar贸 el abogado del EJP Rommel Dur谩n Castellano, 鈥榶 estas pr谩cticas se derivan de la aplicaci贸n por parte de los militares de una doctrina del enemigo interno, que trasciende los motivos del conflicto armado con los guerrilleros.鈥

鈥楲as comunidades del Catatumbo son vistas por los militares como adversarios u oponentes del estado,鈥 enfatiz贸 Castellano, 鈥榶 el aumento en casos de detenci贸n arbitraria, la estigmatizaci贸n y la presi贸n crean un ambiente de angustia y ansiedad para la gente.鈥

Art铆culo en ingl茅s:

Territories in dispute

Paul Salgado
Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (RedHer)
13 March 2019

The jungle in flames, explosions of cylindrical gas bombs, scorched earth and military helicopters and shootings throughout the night terrorise Aserrio, a small town on the edge of the rocky waters of the Catatumbo river in Colombia鈥檚 Norte de Santander state.
Fear, displacement, and a curfew mark the lives of the families of this town, and also of San Pablo, further upstream in the river canyon, less than 100 kilometers from the frontier with Venezuela.
Overshadowed by coca plantations and endless confrontations between ELN guerrillas and the Colombian military, the uncertain and precarious lives of the campesinos of the Catatumbo give the lie to mass media鈥檚 claims that Colombia has achieved peace.
鈥楩or the media nothing happens here. Journalists say that our territory is militarized, but they never say why, or talk about how the people are affected,鈥 recounted a Junta de Acci贸n Comunal leader in a meeting of campesinos convoked by Equipo Jur铆dico Pueblos (EJP) investigators, accompanied by Red de Solidaridad international observers in Aserrio.
The day before, ELN insurgents had attempted to attack the military in the mountains above this pueblo, launching bombs using gas cylinders as mortars. The army responded with mortars and grenades whose explosions terrified the people and caused fires that were still burning coca plantations and the jungle as the campesinos recounted the confrontation 30 hours later.
Soldiers fired indiscriminately for hours, hitting houses in Aserrio with bullets that tore through fragile tin roofs and thudded into the walls of children鈥檚 bedrooms.
One peasant worker showed the investigators the video she took on her phone, a film reminiscent of those recorded by civilians caught in their homes on the frontline in the Syrian civil war.
Terror struck children cowered by a bed covered with cuddly toys, while incredibly loud bursts of automatic rifle fire and grenade explosions rattled the windows of their bedroom.
‘The gunfire was making people desperate,’ she related, ‘the children were in panic, very scared.鈥
Other peasant workers organised in the campesino organisation, the Committe for Social Integration in the Catatumbo (CISCA), reported how security forces from the Colombian state oil corporation, Ecopetrol, accompanied by soldiers, patrol their land to enforce, in effect, a martial law style curfew.

鈥楾hey declare that noone can move during the night or they will be shot, because according to them, 鈥榯hose who are out at night are guerrillas鈥,鈥 one man said.

鈥榃e are afraid that they might kill someone in our community and claim that he is a guerrilla, but even though this is a difficult area and we suffer the abuses of the military, we are not guerrillas,鈥 he insisted.

CISCA activists described how Ecopetrol exploited the oil wealth of their territory but failed to contribute to the community.

鈥楾he military presence and the money to protect them is excessive, but the corporation is never interested in us, it doesn鈥檛 bother to offer apprenticeships to locals and never employs workers from here,鈥 one man explained.

Congreso de los Pueblos activists in San Pablo affirmed the assertions of their comrades in CISCA. 鈥業n the Catatumbo there is a soldier for every 100 campesinos, but just one medic for every 6000 people. The military treat this territory as though they are occupying it, and as though everyone here is the enemy,鈥 one man commented.

Campesinas taking refuge in San Pablo after being displaced from their land reported how soldiers had occupied their finca. 鈥楾here were battles, bullets and explosions near the house. A military helicopter came and soldiers started firing. We had no choice but to leave, and now we have lost our harvest.鈥

The evidence provided to the EJP investigators and Red international observers in Aserrio, San Pablo, and also in El Tarra, where more than 100 campesinos have been displaced by increased military incursions and occupations of fincas, expose the government鈥檚 claim that there is no conflict in Colombia.

鈥榃aves of mass displacements are taking place due to death threats, harassment and confrontations,鈥 EJP lawyer Rommel Dur谩n Castellano stated, 鈥榓nd these practices derive from the military鈥檚 application of a doctrine of the internal enemy, which transcends the motives of the armed conflict with the guerrillas.鈥

鈥楾he communities of the Catatumbo are seen by the military as adversaries or opponents of the state,鈥 Castellano emphasised, 鈥榓nd the increase in arbitrary detention, stigmatisation and pressure create an environment of anguish and anxiety for the people.鈥

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