Cacarica busca la verdad en medio de las balas

17 Mar 2019. El Espectador.

Un viaje por la memoria de las operaciones G茅nesis y Cacarica y por la persistencia de las comunidades negras e ind铆genas que piden atenci贸n estatal, m谩s all谩 de la militarizaci贸n en el Bajo Atrato chocoano, donde se vive una intensa crisis humanitaria.
Natalia Herrera Dur谩n – @Natal1aH

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La zona humanitaria Nueva Esperanza en Dios de las comunidades negras de Cacarica, en Choc贸. /Fotos: Gustavo Torrijos El Espectador

鈥淟as banderas blancas, que se vean las banderas鈥. Myriam*, una morena de 55 a帽os, se asoma por un costado de la lancha de motor para constatar que est茅n all铆. Tiene la certeza de que si las embarcaciones no est谩n debidamente se帽aladas los paramilitares pueden dispararnos mientras nos adentramos por una de las bocas del r铆o Atrato, en el departamento de Choc贸, para remontar el r铆o Cacarica. Tiene esta certeza, aunque acabamos de pasar por un puesto de control del Ej茅rcito, donde revisaron y anotaron nuestros n煤meros de c茅dulas. 鈥淣o hay descanso, esto se est谩 calentando otra vez鈥, dice y sonr铆e para no preocuparnos demasiado.

La comitiva es grande. Vamos m谩s de 70 personas, en cinco lanchas. Hay integrantes de brigadas internacionales de paz, defensores de derechos humanos, l铆deres de diversas comunidades del pa铆s, invitados europeos, excombatientes de las Farc y las autodefensas, acad茅micos, periodistas y una promesa que esperaban con ansias hace meses: Luc铆a Gonz谩lez, comisionada para el esclarecimiento de la verdad.

Estamos ah铆 para hacer memoria en el Festival Somos G茅nesis. Han pasado 22 a帽os desde que las comunidades negras de Cacarica y Salaqu铆 tuvieron que desplazarse forzadamente hacia Turbo, Bocas de Atrato y Panam谩, en medio de la violencia y la zozobra de dos operaciones armadas simult谩neas: G茅nesis, al mando de la Brigada 17 del Ej茅rcito, y Cacarica, al mando de las Autodefensas Campesinas de C贸rdoba y Urab谩. Operaciones coordinadas por las que el Estado colombiano fue condenado, el 20 de noviembre de 2013, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

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La memoria de Marino

鈥淓ste fue un desplazamiento craneado y pensado. Nosotros no ten铆amos ni un t铆tulo colectivo ni individual y por eso era f谩cil sacar a la gente y quedarse con la tierra. Aqu铆 llegaron con la excusa de sacar a la guerrilla, pero buscaban era sacar al campesino. Fueron tiempos dif铆ciles. Cuando llegaron los paramilitares, conjuntamente con los militares, nos dieron tres d铆as para desocupar el pueblo. Al d铆a siguiente, el 27 de febrero de 1997, llegaron sobre las 10:00 a.m. por la cancha de f煤tbol. Yo iba con Marino L贸pez, est谩bamos buscando botes. Pero cuando llegamos todo el pueblo estaba cercado por los paramilitares.

El primer d铆a ya hab铆an entrado a las casas y hab铆an robado todo. A Marino se le hab铆an llevado los documentos. Entonces 茅l les pregunt贸 por eso y le dijeron que era guerrillero. 鈥淕uerrillero de qu茅 si nosotros somos campesinos鈥, les dije y me amarraron con un cord贸n a un almendro. Todav铆a tengo las se帽ales en las mu帽ecas. Ah铆 es cuando a 茅l lo cogen y le dan el primer machetazo en la cabeza. Como estaba cerca al r铆o, Marino se tira pero estaba muy seco por el verano. Entonces entre el susto y la debilidad de la sangre saca la cabeza y le dicen que si trata de volarse le va peor. Un paramilitar le da la mano para salir y cuando ve que estaba sostenido en la orilla le mocha con el machete la cabeza, luego saca el cuerpo y empieza a desmembrarlo.

Lo m谩s escalofriante es que volvi贸 al pueblo con la cabeza en la mano y en un patio como este, pero m谩s lleno de polvo lo tir贸 al suelo. Los dem谩s hicieron una rueda y empezaron a jugar con la cabeza, que se volvi贸 un bal贸n entre el lodo. Yo temblaba de miedo. Pero no todos los comandantes paramilitares estaban ah铆. Hab铆a uno que hab铆a sido de las Farc, conocido como Vicente Muentes, que me vio. Me conoc铆a porque cuando hac铆a parte de la guerrilla me hab铆a sancionado un d铆a porque no quise hacer los quehaceres de ellos. Me pregunt贸 por qu茅 estaba amarrado. Le cont茅 y le dije que hab铆an matado a Marino. Se molest贸. Dijo que 茅l no era guerrillero porque 茅l s铆 los conoc铆a bien y orden贸 que me soltaran. Ese d铆a perd铆 el coraje鈥.

Gerardo queda en silencio por unos minutos. Aprieta la mand铆bula. Mira hacia abajo y llora corto, en completo silencio. Se limpia luego las l谩grimas con un dedo y sigue: 鈥淏ueno, all铆 nos fuimos con varios botes en un peque帽o motor punto nueve. Nos quedamos en Bocas del Atrato. Solo pudimos volver tres a帽os despu茅s鈥, concluye.

El retorno

En 1999, luego de varias conversaciones con el gobierno de Ernesto Samper y Andr茅s Pastrana, un grupo grande de estos pobladores desplazados regresaron al territorio en un acto de valent铆a, pero sobre todo de dignidad. No estaban dispuestos a soportar un d铆a m谩s de miseria, hambre, abuso y discriminaci贸n, aunque eso significara poner en riesgo la vida. No estaban dispuestos, aunque en su territorio segu铆an (y siguen) presentes actores armados e intereses econ贸micos detr谩s.

Se trat贸 de un proceso organizado de resistencia civil que le dio forma al Consejo Comunitario de Comunidades de Autodeterminaci贸n, Vida y Dignidad de Cacarica (Cavida), que honra la memoria de m谩s de 86 asesinados, desaparecidos y torturados. Regresaron cuando lograron un t铆tulo colectivo de las 103.024 hect谩reas que han habitado siempre y lo hicieron en fases, primero a la comunidad El Lim贸n, y despu茅s, ante la persistencia de las agresiones de los paramilitares, se adentraron un poco m谩s en la selva chocoana para conformar el asentamiento Nueva Esperanza en Dios.

Una zona humanitaria, que tambi茅n llaman 鈥淓coaldea de paz鈥, donde no permiten la llegada de actores armados, como indica el letrero a la entrada de la peque帽a discoteca que reza: 鈥淏ailemos por la paz鈥, acompa帽ado de una se帽al de prohibici贸n de porte de armas. Son cerca de cuarenta casas humildes, construidas en madera, levantadas bajo cinco principios que est谩n a la vista de quienes los visitan: Verdad, Libertad, Justicia, Solidaridad y Fraternidad.

La Universidad de la Paz

En el pa铆s de las capitales, como Bogot谩, Cali y Medell铆n, se habla del Acuerdo firmado tras 50 a帽os de conflicto armado entre el Gobierno y las Farc. Se habla algunas veces con rabia y desconocimiento y otras con genuino inter茅s. Se habla del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparaci贸n y no Repetici贸n, que naci贸 de este pacto de paz, que integra la Justicia Especial para la Paz (JEP); la Comisi贸n para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y la Unidad de B煤squeda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). Se habla en especial de la JEP y de que el presidente Iv谩n Duque objet贸 su ley estatutaria. Pero a煤n no se entiende qu茅 significa apostarle a una justicia restaurativa en un pa铆s de dolores abiertos e impunidad. Una justicia m谩s all谩 de la c谩rcel y la condena.

Y es ah铆 donde la comunidad de Cacarica quiere hacer su aporte. Desde el a帽o 2000, cuando realizaron un encuentro con m谩s de 120 comunidades nacionales e internacionales, vienen haciendo propuestas sobre derecho restaurador y encuentro entre afectados y responsables de cr铆menes con sanciones distintas a las carcelarias, como trabajar en sembrados. En ese momento, cuando en el pa铆s no exist铆a la Comisi贸n de la Verdad, en Cacarica ya hablaban de la necesidad de crear una Comisi贸n 脡tica de la Verdad. Es de ese proceso que surgi贸 la idea de crear la Universidad de la Paz, cuya primera sede fue inaugurada en este festival por la memoria.

鈥淟a idea es que all铆 se posibilite la reconstrucci贸n de las memorias y el reconocimiento de responsabilidad. Por eso se busca que la Comisi贸n para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) la asuma como propia. Este es un espacio de convivencia y de educaci贸n en la cultura de paz para que se encuentren los responsables y los afectados鈥, explica Danilo Rueda, defensor de derechos humanos y coordinador nacional de la Comisi贸n Intereclesial de Justicia y Paz, la organizaci贸n no gubernamental que ha acompa帽ado por m谩s de una d茅cada a estas comunidades. Y cuando le pregunto c贸mo se lo imagina, m谩s all谩 de lo te贸rico, responde:

鈥淓l sue帽o de la comunidad de Cacarica es, por ejemplo, que aqu铆 pueda comparecer el general Rito Alejo del R铆o, como comandante de la Brigada XVII a cargo de las operaciones militares que produjeron la violencia y el desplazamiento en este territorio. Que pueda hablar, por ejemplo, de lo que pas贸 y de lo que puede pasar; de c贸mo se imagina una doctrina militar distinta a la de la Seguridad Nacional, en la que fueron formados, una que pueda aportar a un pa铆s que quiere construir la paz鈥.

Su explicaci贸n sonaba ut贸pica. Pero las respuestas de la comunidad la confirmaban. Quer铆an acogerlo y escucharlo sin rabia y sin miedo. 鈥淣o le tenemos odio, hemos cambiado ese dolor por la esperanza de saber la verdad. Ac谩 lo esperamos con los brazos abiertos, queremos verlo en nuestra Universidad para la Paz鈥, dijo Gerardo. 鈥淵o no lo siento como un enemigo y oro mucho por 茅l. Si lo tuviera aqu铆 le dir铆a: descansa y que tu alma descanse cuando reconozcas que te equivocaste, porque s茅 que debe haber momentos en que no duermes y que tu coraz贸n te vibra de culpa鈥, cont贸 Rosa.

Verdades en Cacarica

La primera noche en Cacarica, en la sede cultural de esta zona humanitaria, se realiz贸 un encuentro impensable, moderado por la comisionada de la Verdad, Luc铆a Gonz谩lez, una convencida de que la verdad debe ser construida desde las bases y en las regiones.

All铆 estuvo Ubaldo Enrique Z煤帽iga, o Pablo Atrato, el excomandante de las Farc responsable de reorganizar el frente 57 en el Urab谩, luego del desplazamiento de la comunidad de Cacarica. Z煤帽iga cont贸 verdades desconocidas para ellos. Por ejemplo, que cuando entr贸 a operar en este territorio supo que el Secretariado de las Farc hab铆a dado la orden de retirar tropas en noviembre de 1996. Meses antes de que ocurrieran las operaciones conjuntas entre paramilitares y Ej茅rcito.

鈥淓l 57 de las Farc era un frente que era m谩s log铆stico, estaba en la frontera con Panam谩 para conseguir armas, fue, por ejemplo, el que le consigui贸 todas las armas al Bloque Sur. Supongo que por eso fue el repliegue. Pero la formaci贸n de milicias eran las que deb铆an defender el territorio y aqu铆 hab铆a alrededor de 500 y ten铆an fusiles largos, pero ellos se terminaron entregando o retirando鈥, dice Z煤帽iga. Cuando le pregunto si no cree que esa 鈥渇ormaci贸n de milicias鈥 ayud贸 a estigmatizar a las comunidades que fueron victimizadas bajo un discurso de que eran guerrilleras dijo: 鈥淪铆, seguro que s铆, ese discurso no funcion贸 como se ten铆a planeado鈥.

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Esa noche, quienes estuvimos all铆 tambi茅n escuchamos el testimonio de Antonio Jos茅 Garc铆a, un abogado de clase media de Medell铆n. Su hermano menor, Carlos Mauricio Garc铆a, integr贸 primero el Ej茅rcito y despu茅s fue Doble Cero, uno de los comandantes e ide贸logos de las Autodefensas Unidas de Colombia. Doble Cero form贸 militarmente a las Autodefensas Campesinas de C贸rdoba y Urab谩 (ACCU), el grupo paramilitar que oper贸 en el Bajo Atrato y est谩 detr谩s del desplazamiento y la violencia que padecieron las comunidades de Cacarica y Salaqu铆, entre otras.

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鈥淵o sab铆a que 茅l hac铆a lo que hac铆a y no hice nada para cuestionarlo. Por eso les pido perd贸n, porque siempre he sentido que por no hacer nada fui tambi茅n un victimario鈥, dijo Garcia en medio de un escenario que lo aplaudi贸 y acogi贸. En otro espacio, me cont贸 que fue en 2015, cuando lo invitaron al Congreso Mundial de la Misericordia, que decidi贸 mirar a los ojos la violencia que no quiso ver antes:

鈥淣o ha sido f谩cil. Se me quiebra la voz. Ha sido entender un sentimiento muy complejo, porque estoy hablando de mi hermano del alma, que am茅 como amo a toda mi familia. Entend铆 que era vergonzoso justificarme diciendo como Ca铆n: acaso soy yo el guardi谩n de mi hermano. 脡l muri贸 asesinado por sus mismos compa帽eros en 2004. Pero desde entonces he tratado de reconstruir alrededor de mi fundaci贸n, que busca que las familias tengan herramientas para detener la violencia, as铆 como he acompa帽ado desmovilizados de las AUC que hoy est谩n trabajando honestamente por la reconciliaci贸n鈥.

La guerra se recicla por el Atrato

-Yo ven铆a de mi casa a comprar las cosas del almuerzo a mediod铆a cuando me asomo y veo a un poco de gente corriendo y diciendo: se nos metieron. Entonces me fui hasta all谩 y les dije:

-Carajo, 驴qu茅 van a hacer con este pueblo?

-Tranquila madre que no es con usted.

-驴Entonces con qui茅n es carajo? 驴Ustedes por qu茅 quieren matar a mi gente? Ustedes no parieron hijos para andar mat谩ndolos. Ay poder de Jesucristo se me van. Se los dije convencida del poder de Dios y de saber que estaban equivocados. Al final se fueron y dejaron al muchacho que se quer铆an llevar. Todav铆a oro por ellos.

As铆 recuerda Rosa la 煤ltima entrada de los paramilitares a la zona humanitaria de Cacarica, hace menos de dos meses. La guerra se est谩 reeditando en el Bajo Atrato. 鈥淧or un lado, en la margen oriental de este r铆o, en los territorios colectivos de Jiguamiand贸 y parcialmente en el Curvarad贸 en el 煤ltimo mes se han presentado confrontaciones entre fuerzas militares, que han operado, de acuerdo con los testimonios recaudados, con estructuras paramilitares de las AGC, y la guerrilla del Ej茅rcito de Liberaci贸n Nacional (Eln). Esa situaci贸n de tensi贸n repite lo que se vivi贸 hace m谩s de 22 a帽os y lo que pasaron en diciembre de 2002 con la operaci贸n Tormentas del Atrato. Una situaci贸n que ha pervivido en el caso del Truand贸, sobre la margen occidental del r铆o Atrato, en los 煤ltimos tres a帽os y medio, as铆 como parcialmente en el r铆o Salaqu铆鈥, resalta Danilo Rueda.

驴Eso qu茅 significa? que a pesar de que el Acuerdo de Paz fue muy importante para esta poblaci贸n, dado que aqu铆 operaban las Farc, la gente ten铆a una alt铆sima expectativa de que por fin se iba a pasar a un momento distinto de la historia de esta regi贸n. Pero los hechos est谩n reflejando todo lo contrario.

鈥淗ay una operaci贸n visible del Eln que no se ve铆a desde hace 22 a帽os, seg煤n los pobladores, y una, al parecer, reedici贸n del paramilitarismo viejo, es decir, el paramilitarismo vinculado por acciones de omisi贸n, tolerancia y complicidad con las Fuerzas Militares, que est谩n afectando a las poblaciones ind铆genas y negras de estos municipios. A eso se suma que en las filas de las AGC y del Eln se han visto a exguerrilleros de las Farc que participaron en el proceso de reincorporaci贸n鈥, comenta con preocupaci贸n Rueda y as铆 qued贸 plasmado en la denuncia que radic贸 hace unos d铆as la Comisi贸n Intereclesial de Justicia y Paz, en la Fiscal铆a, la Procuradur铆a y la Presidencia, entre otras entidades.

El general Juan Carlos Ram铆rez Trujillo, comandante de la S茅ptima Divisi贸n del Ej茅rcito, que tiene mando sobre la Brigada XVII, la Brigada XV y la Fuerza de Tarea Tit谩n, le dijo a este diario que las denuncias que se han recibido est谩n siendo atendidas por el comando de la S茅ptima Divisi贸n y que se ha pedido a la Personer铆a que les diga si 鈥渉ay alguna denuncia formal para activar las investigaciones penales y disciplinarias que se requieran si alguno de nuestros miembros est谩 en una situaci贸n il铆cita鈥.

Por lo pronto, la crisis humanitaria es inmensa. Hay confinamiento de varias comunidades como La Esperanza, Pueblo Nuevo y la comunidad ind铆gena de Alto Guayabal, sobre el r铆o Jiguamiand贸, a solo tres horas de la comunidad de Cacarica, en el municipio de Carmen del Dari茅n. Por esa raz贸n, hay un alto 铆ndice de epidemias, en especial de paludismo, que han causado la muerte de tres ni帽os emberas en los 煤ltimos dos meses en Alto Guayabal. Eso sin contar que a este resguardo ambiental han llegado ya 131 personas desplazadas por las confrontaciones armadas y que no hay suficiente comida ni medicamentos.

Para el general Mart铆nez, la raz贸n de estas confrontaciones armadas en el departamento de Choc贸, en especial en los municipios de Riosucio, Carmen del Dari茅n y Acand铆, es que es un 谩rea de inter茅s criminal: 鈥淭iene sembrados de coca, es un corredor de salida del narcotr谩fico de grupos armados organizados como el Clan del Golfo (conocidos tambi茅n como las AGC) y rentas il铆citas donde hay miner铆a y yacimientos ilegales en los afluentes del r铆o. Por eso esta 谩rea est谩 priorizada y por eso estamos realizando all铆 operaciones鈥.

Y detall贸: 鈥渆n este momento sabemos de la confrontaci贸n que se da entre el ELN y el Clan del Golfo por dominar el corredor del narcotr谩fico que va por Carmen del Dari茅n y Curvarad贸 y tambi茅n el de Vig铆a del Fuerte (Antioquia) y Bellavista (Choc贸). En esas operaciones hemos tenido combates que han arrojado capturas de personas y hemos desarrollado unas reuniones con dos asociaciones ind铆genas, con el fin de explicar la situaci贸n para que dejen hacer las operaciones contra el narcotr谩fico, porque en algunas 谩reas han impedido que las operaciones militares se desarrollen. Y aunque respetamos su legislaci贸n, ning煤n 谩rea de Choc贸 est谩 vedada para la Fuerza P煤blica, tampoco esas que llaman humanitarias鈥.

Pero para las comunidades y organizaciones no gubernamentales que los acompa帽an las razones de la confrontaci贸n van m谩s all谩. 鈥淒etr谩s hay un modelo de agronegocios, un portafolio de obras de infraestructura y un portafolio extractivo que desconoce los derechos de la poblaci贸n y la existencia del conflicto armado y, por lo tanto, desconoce que hay unos principios de derechos humanos que se帽alan que las empresas deber铆an tener cuidado de hacer inversiones en zonas conflictivas, que adem谩s son de comunidades 茅tnicas y de reserva forestal鈥, subraya Rueda.

En el Bajo Atrato chocoano preocupan especialmente las exploraciones en busca de cobre. All铆 donde hoy se est谩n dando las m谩s duras confrontaciones armadas en la regi贸n del Carmen del Dari茅n, por ejemplo, se busca poner en marcha el complejo Mand茅 Norte, de la compa帽铆a Muriel Mining Corporation.

La multinacional estadounidense lleva desde 2008 explorando la existencia del material a trav茅s de nueve t铆tulos mineros concedidos por el Gobierno, pese a la negativa de algunas comunidades ind铆genas, quienes se han opuesto y han denunciado la ausencia de una consulta previa libre e informada. El proyecto busca explotar cobre a cielo abierto, en un 谩rea aproximada de 160 km2 (16.000 hect谩reas), durante 30 a帽os. Y ya ha invertido, seg煤n registros de prensa, un poco m谩s de US$20 millones. Como ese hay al menos tres proyectos m谩s para la exploraci贸n y explotaci贸n a gran escala de cobre en Choc贸. Y mientras unos lo ven como un negocio pr贸spero, otros, como muchos emberas del Bajo Atrato, lo ven como el mal que ha seguido y seguir谩 enfermando de violencia sus territorios.

*Los nombres de las personas de las comunidades fueron cambiados por razones de seguridad.

https://youtu.be/wiyhEaSNMZo

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