Bajo Cauca: Una guerra no contada

6 may. CI.- Actualmente el Bajo Cauca se encuentra viviendo una guerra. Dos grupos paramilitares se disputan el territorio que hasta hace poco hab√≠a estado en una aparente calma durante a√Īos. Varios bloques de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia -AGC- (tambi√©n llamados Clan del Golfo) pelean por la tierra que han ocupado durante d√©cadas en sociedad con Los Caparrapos, otro grupo paramilitar con el que se repart√≠an la zona.

Estos dos grupos eran socios hasta el a√Īo pasado. Realizaban sus acciones respetando los l√≠mites del otro. Sin embargo, Los Caparrapos vendieron la zona a La Oficina de Envigado, negocio que no fue del agrado del Clan del Golfo.

Leiderman Ortíz, periodista de la región que ha seguido a estos grupos armados, sus nexos con las instituciones y sus enfrentamientos, asegura que esta transacción detonó la guerra que ahora padece esta región.

La tierra que se pelean est√° plagada de oro, cultivos de coca y laboratorios para procesarla; asimismo, es un corredor que conecta el Valle de Aburr√° con la Costa, brindando facilidades para el transporte de la droga.

La disputa por este territorio es hist√≥rica pues por estas mismas tierras han hecho presencia insurgencias como las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, el Ej√©rcito de Liberaci√≥n Nacional -ELN- y grupos paramilitares como las Autodefensas Unidas de Colombia. Cuando √©stas √ļltimas se desmovilizaron oficialmente (proceso que dur√≥ entre el 2003 y el 2006) se formaron nuevos grupos, los cuales hoy buscan establecerse en la regi√≥n a costa de violencia.

Esta guerra mantiene el n√ļmero de muertes en constante aumento. El 15 de abril de este a√Īo la S√©ptima Divisi√≥n del Ej√©rcito report√≥ ocho asesinatos en Taraz√° durante un combate. Horas m√°s tardes se report√≥ la muerte de dos mujeres y un hombre. Los enfrentamientos no han terminado, quiz√° los muertos tampoco.

Desde el 1 de enero al 10 de abril se hab√≠an registrado 662 homicidios en Antioquia, de los cuales 111 han sido en el Bajo Cauca. Adem√°s de que los combates se siguen dando y en este sentido contin√ļan aumentando las cifras de muertos, muchos no son contabilizados ni reportados en los medios. Habitantes de la zona aseguran que han ocurrido varios asesinatos que pasan desapercibidos en los √ļltimos meses.

Siete muertes han destacado entre todas las dem√°s: las de siete l√≠deres sociales que han sido asesinados en Antioquia en lo que va del a√Īo.

La guerra entre estos grupos ha arrasado con aquellos que resistían en sus territorios y ha desplazado a quienes habitaban estas tierras. Más de 2.000 personas se han trasladado a los cascos urbanos de sus municipios o a Medellín, huyendo de la violencia.

Olga es una de ellas. Como muchos otros huyó de la muerte que le esperaba si se quedaba en su casa, afirma. Olga también fue lideresa de su comunidad: presidió la Junta de Acción Comunal -JAC- de su vereda en Valdivia desde 2008 hasta que tuvo que irse para no volver.

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Olga, una líder desplazada

Todo empezó un sábado por la noche en el que Olga dormía en su cama. Hubo un tiroteo a dos casas de la suya, el sonido de las balas la hizo tirarse al suelo. Mataron a un muchacho y le pidieron a Olga, por ser la Presidenta de la Junta de Acción Comunal de esa vereda, que firmara el acta de levantamiento.

Cuando se present√≥ ante la polic√≠a le preguntaron si sab√≠a qui√©n lo hab√≠a matado, ella dijo que no. La versi√≥n que lleg√≥ a las AGC fue que ella hab√≠a dicho que ‚Äúla polic√≠a sab√≠a qui√©n mandaba en la zona, que hab√≠an sido ellos‚ÄĚ.

El mismo Comandante de la policía afirmó que le escuchó decir que ella como presidenta de la JAC quería traer estrategias a su municipio que alejaran a los jóvenes de las drogas. Esa información también llegó a oídos de quienes manejan el tráfico de drogas en la región, a los cuales no les gustó esa idea.

Ocho d√≠as despu√©s, unos miembros del grupo armado llegaron al local donde Olga se encontraba preguntando por un muchacho, el hijo de la due√Īa del local. Ella les dijo que no sab√≠a d√≥nde estaba. Cuando el chico volvi√≥, ella le cont√≥ que lo estaban buscando y √©l respondi√≥ que a ellos tambi√©n los buscaban para hacerles un atentado. Olga no dijo nada, no era su problema.

Cuando las AGC supieron que Olga estaba enterada de este supuesto atentado la cuestionaron por no avisarles. ‚ÄúYo no trabajo para ustedes, yo soy una l√≠der comunitaria, yo trabajo con la comunidad no con ning√ļn grupo‚ÄĚ, les respondi√≥.

En el Bajo Cauca los l√≠deres tienen dos opciones: colaborar con los grupos o resistir y pagar las consecuencias. Unos d√≠as despu√©s su hermano la busc√≥ para decirle algo importante: ‚ÄúHay un problema con usted, la van a matar, se tiene que ir‚ÄĚ.

A Olga se le enfri√≥ el cuerpo, se le entumieron las manos, no sent√≠a nada. Fue a su casa y se encerr√≥ con sus tres hijos durante tres d√≠as. Sin hambre ni sue√Īo, estuvo tres d√≠as tirada en la cama. Su hermano cocinaba por ella para sus hijos con las cortinas cerradas, hablando bajo para que no supieran que estaban ah√≠.

En un descuido de los hombres que vigilaban la casa, Olga salió en un carro que había preparado para ella una mujer de una organización cuyo nombre no puede ser mencionado por razones de seguridad. La líder y sus hijos se montaron al carro y huyeron de la casa a la que no han podido volver, donde dejaron casi todas sus pertenencias y su pasado.

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El flagelo de ser desplazado

El lugar m√°s seguro para muchos de estos desplazados es Medell√≠n. Tan s√≥lo este a√Īo han llegado a la capital antioque√Īa 3.258 personas desplazadas de todo el Departamento. El 53% de esas personas vienen del Bajo Cauca. Olga, su familia y m√°s de 1.830 personas han huido de esta regi√≥n y se han refugiado ah√≠.

Desplazarse ha sido un flagelo para Olga. En la Unidad de V√≠ctimas le dicen que no hay informaci√≥n, que no hay plata, que no hay nada. En el barrio en el que se instal√≥, la Polic√≠a acos√≥ a su hijo de 21 a√Īos por ser desplazado. Dec√≠an que si sali√≥ de all√° es porque es ‚Äúparaco‚ÄĚ y a los paracos hay que desaparecerlos.

Su hijo de 14 a√Īos olvid√≥ leer y escribir como reacci√≥n postraum√°tica al desplazamiento. Tuvo que volver a empezar el colegio. Nadie le quiere arrendar una pieza porque saben que es ‚Äúdesplazada‚ÄĚ y que la indemnizaci√≥n con la que pagar√° al alquiler no llegar√° a tiempo. En efecto, esa plata nunca llega a tiempo.

Seg√ļn la Ley 1448 del 2011 (Ley de V√≠ctimas) la indemnizaci√≥n que reciben las personas desplazadas debe entregarse cada tres meses. La √ļltima vez que Olga recibi√≥ dinero fue en noviembre, nada m√°s hasta el d√≠a de hoy, mayo.

Trabajar√≠a si pudiera, pero tiene una hija de 16 a√Īos con S√≠ndrome de Down que necesita ayuda para comer, ir al ba√Īo, ba√Īarse, hacerlo todo. De vez en cuando, Olga hace aseo en casas. Pero solo en las que se puede llevar a su hija. Sin un salario fijo no puede pagar una renta.

En Medell√≠n se siente segura. Es una ciudad grande y cara. Es dif√≠cil que la encuentren ah√≠ pero tambi√©n lo es sobrevivir sin un ingreso. Hace tres meses se tuvo que ir a la casa de una sobrina suya que no estar√° en el pa√≠s durante unos meses, pues no pod√≠a seguir pagando el alquiler. A√ļn le quedan tres meses m√°s de pr√©stamo, despu√©s tendr√° que volver a buscar un nuevo hogar.

Líderes, incómodos para el poder

Para ella, regresar a Valdivia es algo impensable. Seguramente la matarían. Su trabajo en la JAC, en el Comité Cocalero, en la Veeduría Ciudadana y como líder en la erradicación de cultivos ilícitos, incomodó los intereses de las AGC y las instituciones locales.

En el 2008 Olga comenzó a trabajar con la erradicación de cultivos ilícitos en su vereda. Ella misma erradicó tres hectáreas de coca que eran el sustento de su familia. Esto lo hizo confiando en el apoyo que el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos otorga a las familias para su manutención antes de las primeras cosechas, pero ese apoyo nunca llegó porque la Federación Nacional de Cacaoteros -Fedecacao- fungió de intermediaria y entregó solamente semillas y herramientas: el dinero para los mercados de las familias se perdió.

A pesar de esto, 17 familias ingresaron en el programa y comenzaron el proceso de erradicaci√≥n. Olga ten√≠a la lista de estas personas. Miembros de las AGC fueron a su casa cuando a√ļn viv√≠a en Valdivia para pedirle la lista y Olga se las neg√≥.

El Comité Cocalero reunió a los líderes de cada vereda del municipio en unas mesas de negociaciones con la Secretaría de Gobernación de Antioquia, un Coronel de la Policía de Antioquia y un Coronel del Ejército. Se reunieron en siete ocasiones cada ocho días para concertar las condiciones de erradicación con los campesinos de todo el municipio.

El proceso avanzaba con éxito hasta que la Secretaría de Gobernación de Antioquia dijo a los medios que se estaba reuniendo con líderes guerrilleros para el proceso de erradicación, declaración que no le gustó a la comunidad. La criminalización del campesinado los indignó y detuvo todos los procesos que se encontraban vigentes.

Al mismo tiempo, algunas familias ya habían arrancado las matas de coca de sus parcelas y comenzaban a sembrar cacao en un terreno que el Gobierno Nacional otorgó al municipio para este fin.

Sin embargo, la dicha no duró mucho: el entonces alcalde de Valdivia, Mauricio Gómez, hipotecó el terreno en 80 millones de pesos y hasta el día de hoy la comunidad no sabe qué sucedió con ese dinero. Se realizaron denuncias que nunca procedieron y así, los que perdieron fueron los campesinos pues se encontraban sembrando en tierra de nadie.

A√ļn sin condiciones ni garant√≠as para sustituir sus cultivos, Olga apoy√≥ y dio seguimiento a este proceso hasta que fue desplazada. Liderar a su comunidad y trabajar por la erradicaci√≥n de la coca le cost√≥ continuar llevando su vida tal como la conoc√≠a.

As√≠ como muchas otras personas desplazadas de esta regi√≥n, Olga se encuentra inmersa en la incertidumbre del futuro, en la espera de una indemnizaci√≥n trimestral que no llega y con el miedo de que la encuentren quienes la quieren muerta. ‚ÄúA veces pienso que me gustar√≠a irme a un lugar en donde nadie me conociera y vivir los d√≠as que me quedan en paz‚ÄĚ, comenta.

*El nombre real de Olga fue cambiado por cuestiones de seguridad

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