Nada para la guerra.

Quiero traer a colaci√≥n este p√°rrafo de cien a√Īos de soledad, que nos relata en parte lo que hemos vivido las mujeres milenariamente:¬†

‚ÄúLa cr√≥nica de los Buend√≠a, acumula una gran cantidad de episodios fant√°sticos, divertidos y violentos, y la de Macondo, desde su fundaci√≥n hasta su fin, representan el ciclo completo de una cultura y un mundo. El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada m√°s por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo‚ÄĚ.

Artículo publicado en la Edición impresa 116 (Abril РMayo 2016) de Periferia Prensa Alternativa

Por María Isabel Giraldo Velásquez

La soledad que marca a las mujeres con las que he conversado y escuchado, además de sus condiciones precarias de existencia, se suma a la situación de violencia en que les ha tocado vivir, ya que es un cuerpo femenino el que sufre, reducido por las circunstancias que pasan,  como es  la muerte violenta de sus hijos, esposos, y/o padres; pero además son discriminadas por la estructura de poder  y de género,  usado por la colonización y hegemonía del mundo; la mujer más que nadie es dominada y subyugada; y esto atraviesa la historia del movimiento social de mujeres y de la humanidad.
Las historias de las v√≠ctimas se usan como principal argumento para la guerra. Pero en verdad son el principal argumento para la Paz; esta frase fue dicha en la mesa de di√°logos en La Habana por una v√≠ctima, a sus victimarios. Es muy contundente empezar a entender las posturas de las mujeres en este proceso del ‚Äúpos conflicto‚ÄĚ, que m√°s pudi√©ramos decir, es de¬† pos-acuerdo ya que entramos en di√°logos y propuestas, y seguramente el conflicto no terminar√°.
Casi todos los testimonios de las Mujeres v√≠ctimas, tienen caracter√≠sticas de lucha, como la resistencia a la guerra, la b√ļsqueda de la Paz en todos los rincones,¬† donde se colocan nuestras huellas diarias, y el caminar hacia el reconocimiento, porque la exclusi√≥n permanente de ser sujetas pol√≠ticas marc√≥ mucho, pues no √©ramos escuchadas en nuestras pr√°cticas hist√≥ricas de paz,¬† y a la vez, la participaci√≥n pol√≠tica y social era incipiente; por esto ahora como constructoras con voz,¬† cuerpo, mente y letra de mujer hacemos que esta realidad sea mirada con lente diferencial, porque hemos aprendido de las experiencias del mundo a hacer de la¬† noviolencia una forma de vida.
Los rostros de las mujeres tienen una mirada infalible, pero la misma sensación de esperanza, más que de desesperanza. La resistencia, la capacidad de sobreponerse a las atrocidades y la lucha por la sobrevivencia, son aportes de las mujeres en la defensa de la vida, en este contexto de guerra interna que desde hace cinco décadas tiene lugar en el país.
Vemos que cada vivencia es √ļnica e irrepetible, tiene alma de Mujer, es un ejemplo de entereza y de coraje, como la de Fabiola Lalinde, con su operaci√≥n Sirir√≠, incansable hasta dar con su hijo y se√Īalarle al Estado su obligaci√≥n a la verdad, justicia y reparaci√≥n; lo mismo la de Teresita Gaviria una de las madres de la Candelaria,¬† que perseverante repica junto con las campanas de la iglesia cada mi√©rcoles su pedacito de historia, que guarda en la memoria con af√°n de que su hijo sea recordado y no olvidado. O Manuela, quien me dice cansada, con des√°nimo y sin rabia, que no sabe ni volvi√≥ a ver a su esposo nunca m√°s,¬† desde aquel d√≠a que sali√≥ con su desayunito que ella le empac√≥ para irse¬† a la f√°brica donde trabajaba.
Pero no solo la guerra ha dejado muertos, la muerte llega sin estar en ella, es una simple paradoja, pero es una realidad que pasa en Colombia, como en ning√ļn pa√≠s del mundo. Es simple y llanamente unir pedazo a pedazo las memorias de cada mujer que ha sido v√≠ctima, de paramilitares, de la guerrilla, de bandas de sicarios, de muchos victimarios que no se conocen; porque¬† con las que he dialogado, de casi todas las edades, sus relatos¬† se√Īalan la manera de romper el c√≠rculo de la violencia, puesto que vienen intentando¬† resarcirse de la miseria que deja la guerra para reinventarse la Paz, recuperando ese tejido social tan necesario. Simb√≥licamente hablando es hacer la colcha de retazos, y al unirla, colocar el poder de convicci√≥n que nos caracteriza; solo necesitamos creer en ellas,¬† es decir en nosotras, para la reconstrucci√≥n de la verdad, ya que con la guerra nada.
Encuentro estas cifras que suministra la Unidad de V√≠ctimas,¬† que son aterradoras. Hasta este momento hay 3.657.438 mujeres que han sido reconocidas como afectadas personalmente en el marco del conflicto armado. Eso significa, ni m√°s ni menos, ‚Äúque m√°s del 50 por ciento del total de v√≠ctimas son mujeres‚ÄĚ, dice al peri√≥dico El Tiempo Gabriel Bustamante Pe√Īa, subdirector de la Unidad de Victimas.
Sigue informando el se√Īor Bustamante, de ellas, m√°s de 3 millones fueron desplazadas a la fuerza de sus pueblos, veredas y hogares. Otras 440.000 han sido asesinadas. La lista es sobrecogedora: siguen luego las amenazadas, las torturadas, las que desaparecieron sin dejar rastro, las ni√Īas y adolescentes reclutadas a la fuerza, las mutiladas por minas explosivas, las secuestradas.
Y termino comentando que el mayor n√ļmero de desplazamientos se ha cometido en Antioquia, contra 528.626 mujeres, que son el 14.5 % del total. Le siguen dos departamentos de la regi√≥n Caribe: Magdalena, con 226.000 v√≠ctimas, y Bol√≠var, con 223.000. En cuarto lugar aparece Nari√Īo. El quinto es Cesar.
Trato de hacer que este recuento, a pesar de los pesares, sea elocuente,¬† pensando en mi rostro de Mujer y la ojeada a esta Colombia desangrada -porque este cielo no me ha abandonado jam√°s- para inventarnos desde nuestra vida cotidiana una soluci√≥n pacifica de los conflictos y ‚Äúel derecho a vivir sin miedo‚ÄĚ, como lo dicen las mujeres de Mar√≠a la Baja, al pie de los Montes de Mar√≠a, en el centro de Bol√≠var.

http://periferiaprensa.blogspot.com.co/2016/05/nada-para-la-guerra.html

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