La apropiaci贸n de las mujeres

La instrumentalizaci贸n de la violencia sexual como estrategia de guerra (y de apropiaci贸n de las mujeres)

La apropiaci贸n de las mujeres por cualquiera de las partes que se enfrentan en cualquier conflicto armado ser谩 hoy y siempre inaceptable, porque nuestras luchas, nuestras reivindicaciones, nuestros sue帽os, nuestras vidas, no les pertenecen ni en medio de la guerra ni en tiempos de 鈥減az鈥.

Andrea Marcela Barrera

Desde hace varios a帽os es bien sabido que el conflicto armado en Colombia ha tenido efectos desproporcionados sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres. Se trata de una realidad constatada mediante testimonios valientes de muchas de ellas que han alzado su voz para denunciar y para contar sus experiencias y sus proyectos de vida; de mujeres que se han organizado para enfrentar juntas, hombro a hombro, los sufrimientos de esta guerra y para construir otros futuros a punta de esperanzas y de fuerza colectiva; de investigaciones desarrolladas por acad茅micos y sobre todo acad茅micas comprometidas con los derechos y la emancipaci贸n de las mujeres colombianas; de sentencias de las Cortes del pa铆s que han rehusado a cerrar los ojos ante la realidad de miles de colombianas cuyas vidas han cambiado para siempre a causa del conflicto armado.

Hoy es dif铆cil desconocer que las mujeres llevan sobre sus espaldas una buena parte del peso creado por el dolor que va dejando la guerra, ese dolor muchas veces invisible pero bien profundo generado por la p茅rdida de sus hijos e hijas, de sus padres y familiares asesinados, de sus esposos desaparecidos, de sus vecinas y amigas que nunca volver谩n. Dif铆cil desconocer que son ellas las que deben llegar mayoritariamente a ciudades contaminadas por la poluci贸n, por el af谩n, por la indiferencia; as铆 como negar que muchas de ellas deben librar batallas kafkianas para recuperar las tierras perdidas, usurpadas, llenas de dolor y de palma. Dif铆cil tambi茅n desconocer que sus cuerpos han sido puestos al servicio de las estrategias militares de la guerra, de sus avatares espantosos, del reforzamiento de las violencias contra las mujeres inherentes a las sociedades patriarcales como la colombiana. Negar la violencia sexual es como negar que el conflicto armado existe: 隆imposible!

Imposible鈥ueno, s铆鈥epende鈥n nuestro pa铆s, bien lo sabemos y estos 煤ltimos meses, especialmente, nos han dejado ver que, tristemente, depende. No porque haya sectores que nieguen (al menos abiertamente) que las mujeres han sido v铆ctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado en el pa铆s. Sino porque se trata de un reconocimiento parcial, por no decir acomodado, de esta realidad. Esta parcialidad que ha sido denunciada p煤blicamente, aunque no haya sido suficientemente difundida ni escuchada, resulta esencial en t茅rminos de las reflexiones sobre la coyuntura actual y sobre los horizontes de construcci贸n de una nueva sociedad tras la firma de los acuerdos de paz.

Efectivamente, las delegadas y los delegados de las organizaciones de mujeres y LGBTI que participaron en la Mesa de Negociaciones de La Habana los d铆as 24 y 25 de agosto de 2015, en el marco de la subcomisi贸n de g茅nero, denunciaron por medio de un comunicado p煤blico su preocupaci贸n por el 鈥溍﹏fasis鈥 que ha puesto el Estado colombiano en las investigaciones sobre la violencia sexual ejercida por las FARC-EP, especialmente dentro de sus filas, mientras que deja 鈥渄e lado la responsabilidad鈥 de las Fuerzas Armadas, de los grupos paramilitares y de otros actores privados participantes en el conflicto armado.

驴Por qu茅 este 鈥溍﹏fasis鈥 en las investigaciones sobre la violencia sexual dentro de las FARC-EP resulta preocupante? No porque no sea necesario denunciar esos hechos, investigarlos y juzgarlos. Esa es una tarea que no puede ser desestimada o postergada. Claro que es necesario que sepamos qu茅 formas de violencia sufrieron las combatientes y excombatientes de las FARC-EP durante su pertenencia a la guerrilla. Por supuesto que estas violencias constituyen un crimen que debe ser esclarecido y juzgado, con o sin acuerdos de paz. Porque como bien lo dec铆a Mariana Ardila, en la emisi贸n que le dedic贸 la Silla Vac铆a al tema, la violencia sexual constituye un crimen de guerra y una grave violaci贸n a los derechos humanos, que no puede ser amnistiado y que debe ser reparado. As铆 que no, lo que resulta preocupante no es que el Estado colombiano busque investigar, juzgar y reparar a las v铆ctimas de este tipo de violencias que hayan ocurrido dentro de las filas de un grupo armado insurgente.

Lo que resulta preocupante es que el Estado colombiano decida de facto jerarquizar las violencias sexuales que han sufrido las mujeres, o para decirlo m谩s precisamente, lo preocupante es que el Estado 鈥減riorice鈥 a unas mujeres sobre otras en funci贸n del actor armado que haya ejercido la violencia sexual. Porque tal 鈥溍﹏fasis鈥 evidencia, entre otras cosas, que lo que resulta importante a los ojos del Estado no es la violencia sexual, no son las mujeres v铆ctimas de estas violencias, sino (驴sorprendentemente?) los hombres que las ejercieron y el bando del que hacen o hac铆an parte. Pues, aparentemente, si una mujer fue violada por un soldado del Ej茅rcito colombiano o fue sometida a tratos crueles e inhumanos por un paramilitar, su 鈥渃aso鈥 es menos importante que el de una mujer que fue obligada a abortar mientras que hac铆a parte de la guerrilla. Y, como si fuera poco, eso lo decide, as铆 sin m谩s ni m谩s, un Estado que ha negado el derecho que tenemos las mujeres colombianas a decidir libremente sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas limit谩ndonos el acceso al derecho al aborto, al restringirlo en el papel a tres casos (que constituyen sin ninguna duda un avance, pero un avance insuficiente) y en la pr谩ctica obligando a muchas mujeres a ser madres con argumentos jur铆dicos, religiosos y morales.

En este sentido, resulta diciente que la emisi贸n de La Silla Vac铆a a la que ya he hecho alusi贸n tuviera por t铆tulo 鈥渆l aborto como arma de guerra鈥, porque limita de entrada lo que se va a entender por violencia sexual, que era el tema general que convocaba a las invitadas del programa, por m谩s que la entrada fuera la solicitud presentada por la ONG Women鈥檚 Link al Tribunal Superior de Medell铆n, de condenar algunos miembros del frente Jos茅 Mar铆a C贸rdoba de las FARC-EP por hechos de aborto forzado contra mujeres combatientes. El t铆tulo, adem谩s, no deja de ser confuso, pues en el marco del conflicto armado en el pa铆s no resulta claro c贸mo un actor como las FARC-EP us贸 el aborto forzado dentro de sus filas como un arma de guerra contra los otros actores armados (en todo caso s铆, s铆 es un arma de guerra si se quiere poner en esos t茅rminos, pero es un arma contra las mujeres鈥entro o fuera del conflicto armado).

驴Qu茅 es lo que nos deja ver esta 鈥渃onfusi贸n鈥 que hace que el aborto forzado recoja todos los contenidos posibles de la violencia sexual y este 鈥溍﹏fasis鈥 del Estado colombiano en la investigaci贸n de este crimen al interior de las guerrillas? Que la sociedad colombiana sabe claramente qui茅nes son los responsables de este tipo de violencia en el marco del conflicto armado. 驴A qui茅nes se debe juzgar y condenar por estos cr铆menes? 隆Pues a los guerrilleros! 驴Y a los miembros de las Fuerzas Armadas y a los paramilitares? 鈥淓so lo veremos luego鈥, parece decir el Estado.

As铆 las cosas, lo que se configura es una instrumentalizaci贸n de la violencia sexual para continuar con la guerra por otros medios. Ahora y siempre es clave impedir y rechazar la instrumentalizaci贸n que haga cualquier actor armado, incluyendo al Estado colombiano, de la violencia sexual, del dolor y del cuerpo de las mujeres. Esos cuerpos, esas vidas, esos dolores, esas voces que exigen justicia no pueden ser usadas por el Estado ni por la insurgencia para continuar con la guerra en medio de las negociaciones o despu茅s de la firma (esperada y anhelada) de los acuerdos de paz. Debemos continuar en esa oposici贸n f茅rrea que han asumido durante mucho tiempo diferentes movimientos de mujeres y feministas en el pa铆s: la oposici贸n a ser apropiadas y usadas como comodines y peones al antojo de quienes creen que les pertenecemos.

En este caso, el Estado ha buscado dar mayor visibilidad e importancia a los casos de abortos forzados dentro de la guerrilla, casos que existen con certeza pero de los que sabemos poco a pesar de quienes aseguran que es una pr谩ctica conocid铆sima, en detrimento de las investigaciones de las violencias sexuales ejercidas por los otros actores armados e, incluso, contribuyendo al ocultamiento de las violencias cotidianas que sufren las mujeres colombianas en sus propias ciudades, en sus propias casas (porque, como nos lo recuerda muy justamente Juanita Barrag谩n en la emisi贸n de La Silla Vac铆a, no hace falta entrar a las FARC-EP para ser v铆ctima de m煤ltiples violencias, incluyendo la violencia sexual).

La apropiaci贸n de las mujeres por cualquiera de las partes que se enfrentan en cualquier conflicto armado ser谩 hoy y siempre inaceptable, porque nuestras luchas, nuestras reivindicaciones, nuestros sue帽os, nuestras vidas, no les pertenecen ni en medio de la guerra ni en tiempos de 鈥減az鈥.

El articulo fue publicado en palabras al margen, el Jueves, 14 Abril 2016. Posted in Art铆culos, Andrea Marcela Barrera, Edici贸n 79, Estudios de g茅nero, Violencia contra la mujer, Nacional, Conflicto armado
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