NO PARA LA GUERRA EN CONTRA DE QUIENES DEFIENDEN LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PAZ

Mayo 15 de 2019. Congreso de los Pueblos

A Marco Antonio Adrada lo mataron al lado de su familia, lo mataron al mismo tiempo que se instalaba en Bogotá un refugio humanitario por la vida y la libertad de los líderes y lideresas sociales, era miembro de una junta de acción comunal, su muerte marcaba con desespero la urgencia de medidas para proteger la vida, la libertad, acciones para la paz; el clamor de los líderes y lideresas concentrados en el refugio no era más que el deseo de vivir y no era menos que el anhelo de la paz y aunque hubo marchas, manifestaciones, plantones, audiencias y conciertos. El silencio sepulcral del gobierno era una respuesta elocuente.

Atentados, asesinatos, encarcelamientos y militarización nos esperaban al regresar del Refugio Humanitario reunido del 28 de abril al 2 de mayo. Después de pasar varios días y en el caso de los mingueros varias semanas en las carreteras, exigiendo una vez más los derechos, en lo que el gobierno nacional ha dado en llamar despectivamente el modo protesta. Las energías restantes se destinaron a apoyar las actividades del refugio; de la carretera a la plaza de Bolívar, pasar la noche en la plaza de toros renombrada Plaza de la Vida, tocando las puertas de las embajadas, hartos de tanta guerra contra los pobres, contra los que piensan distinto, guerra económica, social, cultural, política y de exterminio físico.

De regreso a casa después de varios días de movilización, nos esperaba en cada región una porción de atrocidad; en el Cauca ataques con granadas en una reunión de líderes Afro, sin que la presencia de los esquemas de seguridad de la Unidad Nacional de Protección disuadiera a los atacantes, probando lo que hace unos días denunciábamos; la situación de riesgo en la cual nos encontramos no se resuelve a fuerza de esquemas de seguridad de la UNP. En el Sur de Bolívar nos esperaban los asesinatos de nuestros compañeros Belisario y Wilmar el 7 y 10 de mayo, en Arauca aguardaba el asesinato de Mauricio el 9 de mayo, en el Bajo Cauca 4 campesinos que participaron con nosotros del Refugio fueron nuevamente objeto de montajes judiciales, objetos del prejuicio y el estigma, la Fiscalía General de la nación, una vez más, en lugar de ofrecer justicia se desempeña como agente de represión.

Al refugio humanitario, a nuestra concentración, a la manifestación, a videos y consignas, a marchas y plantones, el gobierno no respondió. En su lugar hablaron, de nuevo, grupos paramilitares a través de comunicados y pasquines, como los que llegaron al correo de los compañeros ambientalistas en Cajamarca el 14 de mayo, o los que se repartieron a nombre de las AGC en el Cauca, o los que circularon días después del refugio en Bogotá a nombre del bloque central de las águilas negras, o los que se distribuyeron en Arauca contra el Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia (MPMSPCOC); todos ellos sentenciando a muerte a líderes y lideresas sociales, estudiantiles, étnicos, populares y ambientales, todos mencionados en sus amenazas con nombres propios, nombres que el gobierno no pronuncia y se obstina en ignorar, nombres que las armas buscan silenciar.

A estos casos se suman los más de 600 muertos, incluyendo quienes confiaron en el Estado firmando un acuerdo de paz y todas las personas encarceladas abusando del sistema judicial, sin importar que pasen años en la cárcel antes de poder comprobar su inocencia ante los tribunales después de superar todas las trabas propias de un sistema de injusticia institucionalizada.

Un Plan Nacional de Desarrollo 2019-2022, igual que los anteriores; intentando legalizar la miseria, aniquilar la economía campesina, impedir un desarrollo propio en los territorios acorde a las culturas de los pueblos que los habitan, para convertir el país en un parque de inversiones extranjeras, que no dejan plata para las vías, la educación o la salud, y lo poco que queda lo invierten en armas y pie de fuerza para militarizar los territorios, extender redes de informantes que rompen el tejido social y convierten a la población civil en objetivo militar a nombre de la seguridad de inversiones extranjeras.

A todos los agentes de la muerte y a los secuestradores carceleros de líderes y lideresas sociales, les reiteramos que ninguna cárcel o ninguna bala alcanzarán para acallar el clamor del pueblo por la vida digna, por la paz y la justicia. A todas las organizaciones hermanas en el país, en el continente y en el mundo quienes viven y sienten en sus cuerpos el dolor de la guerra extendemos nuestro más profundo abrazo. Nos seguiremos juntando, movilizando y organizando para defender nuestras economías locales, contra sus planes de despojo, seguiremos fortaleciendo nuestras juntas de acción comunal, nuestros cabildos, consejos comunitarios y gobiernos campesinos, seguiremos construyendo guardia campesina, cimarrona e indígena para proteger nuestros planes de vida, defenderemos la alegría y la esperanza, seguiremos siendo semillas.

Congreso de los Pueblos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *