lÍERES SOCIALES SE PRESENTAN VOLUNTARIAMENTE A LA FISCALÍA DE YOPAL

26/11/2018
Por Paul Salgado

El 19 de noviembre de 2018, dos compañerxs internacionalistas de la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia estuvieron acompañando a los campesinos y trabajadores de los llanos de Casanare y las montañas de Boyacá en un plantón reivindicativo en Yopal ante la dirección seccional Fiscalía de la Nación.

Estas mujeres y hombres con décadas de lucha, una lucha para dominar la tierra, y una lucha para resistir la explotación y aquellos que les negarían esta tierra, se habían organizado en colectivos y movimientos populares para defender su derecho al territorio y la vida.

Por su lucha, ellos, y los abogados y activistas que los apoyan, han sido discriminados, estigmatizados y amenazados, no solo por paramilitares y carteles de la droga, sino por representantes del estado y del ejército.

El líder campesino, Miguel Daza, explicó que las acciones colectivas, las huelgas y los bloqueos organizados por campesinos y trabajadores habían llevado al Estado, como medio de represión contra los movimientos y organizaciones sociales, a procedimientos legales contra activistas para ‘callarlos y amenazarlos con detención y cárcel, y también intentar asociar a los líderes con los guerrilleros’.

Tomando una posición valerosa contra este hostigamiento y victimización, varios líderes de movimientos sociales desafiaron abiertamente al Estado. Se presentaron en la dirección Seccional de Fiscalía General de la Nación en Yopal, la capital del departamento de Casanare, para conocer su situación jurídica por su trabajo social y la defensa de los Derechos Humanos, demostrando que no tenían nada que ocultar, nada de qué avergonzarse y nada que temer.

Acompañados por comunidades indígenas, campesinas y trabajadores, algunos de los cuales habían viajado cientos de kilómetros para presenciar este momento, los siete líderes de los movimientos sociales ingresaron a la fiscalía del Estado para identificarse ante las autoridades sin saber si serían arrestados y llevados a la cárcel como tantos otros líderes y lideresas han sido.

La solidaridad de tantas compañeras y compañeros, y la determinación de resistir que fue tan evidente en la protesta masiva y silenciosa en las calles de esta ciudad calurosa y húmeda, debe haber tenido un efecto. Los siete salieron de la fiscalía como ciudadanos libres.

‘Este es un reconocimiento por parte del Estado de nuestra lucha,’ declaró Fabián Laverde, abogado activista y responsable de la Comisión de DDHH del Congreso de los Pueblos. ‘Esta solidaridad nos ha fortalecido, pero no podemos permitirnos bajar la guardia.’

En el plantón se reivindicaba la libertad para el líder social Hermes Burgos y la lideresa Alix Miriam Aguilar, quienes realizaban trabajo organizativo en la región y por su papel en la defensa del territorio y por la lucha por condiciones de vida digna hoy se encuentran privados de la libertad.

‘La tierra pertenece a quienes la trabajan, tal como exigió el guerrillero Guadalupe Salcado en la década de 1950’, insistió Don Marco Polo, quien había viajado dos horas desde Trinidad, en los llanos orinoqueños. ‘Y esta victoria nos impulsa a organizarnos más.’

Esta campaña en defensa de los líderes sociales ha unido a los ancianos – todavía demasiado jóvenes para haber participado en la resistencia en la década de 1950, pero inspirados en cuentos sobre los guerrilleros legendarios transmitidos por sus abuelas y madres – junto con mujeres jóvenes que estudian ahora en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, y que han tomado el nombre del legendario líder de los llanos por su propio colectivo, como una chispa para reavivar la lucha contra la desigualdad y la pobreza.

En el plantón se reivindicaba la libertad para el líder social Hermes Burgos y la lideresa Alix Miriam Aguilar, quienes realizaban trabajo organizativo en la región y por su papel en la defensa del territorio y por la lucha por condiciones de vida digna hoy se encuentran privados de la libertad.
Estos colombianos, los más pobres, los campesinos, los desechados y los desposeídos, no aparecen en los titulares de las noticias en los medios de comunicación de Colombia, pero su confianza y su espíritu les darán un lugar en la historia de la lucha de sus pueblos, mucho después de los nombres de gobernadores corruptos, alcaldes y presidentes han sido olvidados.

América Leguizamon, una periodista del medio de comunicación popular ‘Trochando Sin Fronteras’, dice que ‘la movilización ha reafirmado el trabajo organizativo y político como el camino para una vida digna, y a pesar de la persecución, la estigmatización y la judicialización de sus líderes y las comunidades, se resisten y se juntan’.

Y como lo afirmó Esther Barreros, lideresa del Colectivo Guadalupe Salcedo en Aguazul, ‘actos tan valientes como este desafío al Estado nos ayudarán a alzar nuestras voces para exigir nuestros derechos. Sabemos la importancia de la unidad y la organización, y la lucha solo nos hará más fuertes.’

To be a social movement leader is not a crime

Paul Salgado

On 19 November 2018, two compañeros from the Red de Hermandad and Solidaridad with Colombia had the honour and privilege of standing with, and supporting in solidarity, the campesinos and workers of the llanos of Casanare and the mountains of Boyacá in a demonstration at the government’s Attorney General offices.

These women and men with decades of struggle – a struggle to dominate the land, and a struggle to resist exploitation and those who would deny them this land, had organised themselves into collectives and popular movements to defend their right to territory and life.

For their fight, they – and the lawyers and activists who stand with them – have been discriminated against, stigmatised and threatened, not just by paramilitaries and drug cartels, but by representatives of the state and military.

Campesino leader Miguel Daza explained that collective action, strikes and blockades organised by campesinos and workers had led to the state, as a means of repression against social movements and organisations, instituting legal proceedings against activists in order to ‘shut them up and threaten them with arrest and jail, and to also attempt to associate the leaders with the guerrillas.’

Courageously taking a stand against this harassment and victimisation, several social movement leaders openly challenged the state to arrest them. They presented themselves at the Attorney General’s public prosecutor’s office in Yopal, the capital of the department of Casanare, to declare that they had nothing to hide, nothing to be ashamed of and nothing to fear.

Watched by indigenous, campesino and workers’ representatives, some of whom had travelled hundreds of kilometres to witness this moment, the seven social movement leaders entered the state’s fiscalía to identify themselves to the authorities without knowing if they would be arrested and taken to jail as so many other activists have.

The solidarity of so many compañeras and compañeros – the determination to resist that was so evident in the mass silent protest in the streets of this hot, humid city – must have had an effect. All of the seven walked out of the fiscalía as free citizens.

‘This is recognition by the state of our struggle,’ declared Fabián Laverde, an activist lawyer and the Human Rights Commission organiser for the Congreso de los Pueblos. ‘This solidarity has made us stronger, but we cannot afford to lower our guard.’

The protesters also demanded freedom for social leaders Hermes Burgos and Alix Miriam Aguilar, who were arrested for their organising work in local communities in defence of territory and for a dignified life, and who remain in jail.

‘The land belongs to those who work it, just as guerrilla leader Guadalupe Salcado demanded in the 1950s,’ insisted Don Marco Polo, who had travelled two hours from Trinidad, in the llanos orinoqueños. ‘And this victory is an impetus for us to organise more.’

This campaign in defense of social leaders has united old men, still too young to have participated in the resistance in the 1950s, but who have been inspired by stories about the legendary guerrillas passed on from their grandmothers and mothers – together with young women, studying now in the Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, and who have taken the guerrilla leader’s name for their own collective as a spark to reignite the struggle against inequality and poverty.

These Colombians – the poorest, the campesinos, the discarded and dispossessed – don’t make the news headlines in Colombia’s mass media, but their confidence and their spirit will give them a place in the history of the struggle of their peoples, long after the names of corrupt governors, mayors and presidents have been forgotten.

América Leguizamon, a reporter for the local social movement’s magazine ‘Trochando Sin Fronteras’, said: ‘This demonstration has reafirmed how  organising and political work is the route to a dignified life, and that despite the persecution, stigmatisation and legal actions against their social leaders, the communities will continue resisting and will unite.’

And as Esther Barreros, an organiser with the Colectivo Guadalupe Salcedo in Aguazul affirmed, ‘Such courageous acts as this challenge to the state will help us to raise our voices to demand our rights. We know the importance of unity and organisation, and the struggle will only make us stronger.’

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