La mina invisible que amenaza al páramo de Santurbán

23 de noviembre 2017. Razón publica.com.

A raíz de la visita del presidente Santos a Emiratos Árabes Unidos (EAU) esta semana se anunció la inversión de mil millones de dólares de ese país en un proyecto para la explotación de oro y otros minerales en Colombia.

Hace unos meses, ese gobierno había donado siete millones de dólares para los damnificados de Mocoa y se está a la espera de otros 45 millones de dólares con destino a “proyectos prioritarios del posconflicto”.
Su área de influencia biótica se encuentra a solo unos metros del páramo.

En septiembre pasado se había publicado el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para el proyecto minero en cuestión -Soto Norte-, ubicado en los municipios de Suratá y California, cerca del páramo de Santurbán, que es fuente de agua para más de un millón de personas.

Este nuevo proyecto sería ejecutado por la Sociedad Minera de Santander S.A. (Minesa S.A.), que pertenece al Mubadala Development Company, grupo empresarial del gobierno de EAU, con sede en Abu Dabi.

Esta sería la infraestructura física general del proyecto:

El proyecto pretende extraer oro, plata y otros metales de interés de las rocas mineralizadas bajo el valle de la quebrada La Baja. Desde hace casi diez años otras empresas han intentado desarrollar actividades mineras a gran escala en la zona (Greystar, EcoOro, AUX, Leyhat y un largo etcétera), pero han fracasado debido a la incertidumbre y a los impactos nocivos potenciales sobre la región.

El proyecto Soto Norte promete ser diferente. Según el EIA:

Será un proyecto subterráneo,
No existirán grandes pilas de escombros permanentes,
Ni una gigantesca cicatriz indeleble en las montañas,
Ni una inmensa presa de relaves (partículas de mineral que el agua arrastra y mezcla con el barro estéril, y que para ser aprovechadas necesitan un nuevo lave),
Ni una planta de tratamiento con sustancias peligrosas como mercurio o cianuro para separar el oro,
Ni siquiera veremos intrincadas redes de vías serpenteando entre las cuencas de los municipios de Suratá y California.

Lo anterior suena bien, pero ¿es esto garantía de que la mina no deteriorará la cuenca permanentemente?

La respuesta es negativa: el nuevo proyecto implica perforar un inmenso sistema de túneles de por lo menos 2.000 metros de longitud, 900 metros de anchura y 780 metros de profundidad —poco menos que la altura del edificio más alto del mundo— justo bajo el valle de la quebrada La Baja, a apenas metros del páramo de Santurbán.

Según el cronograma de la empresa, la construcción y montaje del proyecto deberían comenzar en 2018, la extracción en 2021 y ésta continuaría hasta 2044 (en este lapso se perforaría la mayoría de los túneles). Posteriormente vendrían las labores de cierre que se extenderían por cuatro años, con una etapa final de ‘restauración’ que concluiría en el año 2048.

 

El EIA consta de diez capítulos, 5003 páginas (sin incluir el resumen ejecutivo) y considera por lo menos veintidós tipos de impactos (físicos, financieros, sociales, etc), con abundante y compleja información.

Sin embargo el cronograma prevé que el proyecto obtenga su licencia en 2017 y la empresa radicó el EIA ante las autoridades competentes hace apenas unas pocas semanas. Esto hace imposible un análisis del impacto ambiental serio, que solo puede ser desarrollado por un equipo de profesionales altamente calificados y con meses de dedicación exclusiva.

La mina propuesta se construiría en dos sectores —correspondientes a dos cuencas y dos municipios diferentes— que estarían conectados por dos túneles de 5.800 metros de longitud y cinco metros cuadrados de sección transversal.
Desde hace casi diez años otras empresas han fracasado.

Los impactos en cuanto a dirección y volumen de agua subterránea de la perforación de estos dos túneles de transporte y los demás de extracción son impredecibles, y aunque la empresa sostiene que llevará a cabo labores de retrollenado con una mezcla de cemento y desechos de roca, sería imposible afirmar que las propiedades hidrogeológicas volverán al estado inicial una vez concluya el proyecto.

Según el EIA, el proyecto requiere de un botadero y un depósito de relaves secos. Ambos son apilamientos de roca sobrante del proceso minero pero se diferencian en que el primero está constituido por rocas sin interés económico (extraídas sólo para llegar a la profundidad objetivo), mientras que el segundo se compone de rocas tratadas física y químicamente en el proceso de beneficio.

Aunque en términos de riesgo geotécnico es preferible disponer el material en forma de relaves secos y no húmedos —puesto que los últimos suelen fallar con mayor frecuencia— la humedad interna depende altamente del adecuado monitoreo y mantenimiento a perpetuidad de los drenajes de la estructura -con el costo que ello implica- especialmente en un área como la cuenca alta del río Suratá, caracterizada por sus fuertes pendientes, abundante vegetación y alta precipitación.

Cabe anotar que un aumento súbito en la humedad de los relaves puede comprometer su integridad y ocasionar un deslizamiento de grandes proporciones que afectaría no sólo a Suratá sino a todos los municipios aguas abajo en la cuenca del río del mismo nombre. Este análisis es aún más preocupante si se agrega el riesgo sísmico.

Dos túneles de 5.800 metros de longitud y cinco metros cuadrados de sección transversal

Al finalizar el proyecto, el valle de la quebrada Caneyes quedaría para siempre rellenado por 19,13 millones de toneladas de relaves (sólo el 55 por ciento del total generado, según la empresa).

Si bien la mina propuesta estaría fuera de la delimitación actual del páramo de Santurbán, su área de influencia biótica se encuentra a tan solo unos metros del polígono considerado en el estudio (ver Figura 5).

Por esa cercanía y por las interacciones de las aguas subterráneas bajo el páramo y bajo el valle de la quebrada La Baja, no es posible afirmar categóricamente que no se afectará este importante ecosistema. Además:

La reciente sentencia de la Corte Constitucional (T-361/17) que deja sin efecto la delimitación introduce otro elemento de incertidumbre sobre el impacto, las áreas de influencia y la viabilidad del proyecto.
Tal como se reconoce en el EIA, parte del área de influencia biótica se traslapa con áreas Prioritarias de Conservación Nacional, definidas por el Conpes 3680.

A pesar de lo anterior, hay noticias (relativamente) buenas:

No se utilizará mercurio ni cianuro en el proceso de beneficio,
El oro y los otros metales se separarán por flotación y otras técnicas, y
La minera exportará un concentrado de esos metales y lo venderá a otras empresas para ser procesado, evitando así parte del costo socioecológico de la actividad en Colombia.

Esto no implica que dicho costo deje de existir, sino que lo trasladaremos a otros países.
Esconder la basura bajo la alfombra no equivale a limpiar. Ni en minería, ni en economía.

Termino entonces con estas preguntas cuya respuesta dejo al criterio de los lectores:

¿Qué impacto tendrá esta mina sobre la calidad y cantidad de agua subterránea?
¿Puede la empresa garantizar que no se producirá un pasivo ambiental a perpetuidad?
¿Si se produce, qué empresa pagará el tratamiento de agua en cien años?
¿Qué riesgo implica realizar tal actividad sin tener en cuenta un área de amortiguamiento para el páramo?
Y finalmente, una que parecería no nos compete como país, pero que tiene que ver todo con nosotros: ¿Es ético permitir que una actividad que no es considerada aceptable y es tácitamente valorada como indeseable dentro de Colombia (uso de mercurio y/o cianuro) se lleve a cabo en otro país con materias primas colombianas sin saber en qué condiciones se realiza?

Tenemos que empezar a incluir este tipo de daños en las cuentas nacionales para dejar de ignorar nuestra huella ecológica como nación. La responsabilidad por los impactos negativos de la minería que se hace en Colombia fuera de nuestras fronteras no es solo del comprador sino de nuestro Estado débil.

Una mina invisible no es necesariamente mejor. Lo que se haga bajo Suratá y California, bajo nuestros páramos y montañas tiene el potencial de hacerle mucho daño al país, no sólo en términos ambientales sino financieros.

Esconder la basura bajo la alfombra no equivale a limpiar. Ni en minería, ni en economía.

*Asesor científico de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA)
Tags: Agua,, Minería,, Santurbán, Títulos mineros, Minesa, Emiratos Árabes, Extracción de Oro, Andrés Ángel, licencia ambiental
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