NOMADESC: Propuestas de paz en el sur occidente a través del empoderamiento de mujeres

El equipo de REDHER hizo acompañamiento en el Sur Occidente con NOMADESC. Aquí las reflexiones…

En estas últimas semanas el equipo de la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (REDHER) ha estado acompañando el trabajo de NOMADESC en  diferentes procesos de fortalecimiento del tejido asociativo de mujeres afrodescendientes  víctimas del conflicto en el Valle del Cauca. Hemos sido testigos pues, de la propuesta de paz, que organizaciones del Congreso de los Pueblos plantean a la sociedad civil colombiana.

¿Qué paz?

Desde la REDHER entendemos que la paz, nunca será el resultado de un apretón de manos entre dos hombres, si no que una paz con justicia social y con dignidad, tiene que venir de la mano de fuertes procesos donde el empoderamiento popular sea el eje de cualquier acción social que tenga como objetivo entender el modelo de “desarrollo” para eliminar el abanico de violencias que todavía se ejercen en Colombia por conflictos complejos e históricos  que afectan de distinta manera según el género de la persona, la etnia, o su situación socioeconómica.

Más calzada….¿más desarrollo?

Hemos estado presentes en el occidente  del departamento, junto con la asociación Mujeres y Hombres de Triana,  víctimas de la construcción de la doble calzada que conecta el centro del país con Buenaventura (Valle del Cauca), ciudad que mueve más del 70% del comercio internacional marítimo de Colombia, y punto estratégico para la efectuación de los 17 TLC (Tratados de Libre Comercio) que ha ido firmando el país, en su estrategia de regalar trozo a trozo la soberanía nacional. Dicha calzada se construye con el discurso oficial de ofrecer modernidad y prosperidad económica a la región del suroccidente colombiano, (una de las regiones históricamente más azotadas por la violencia del conflicto) pero que no ha  traído más que violencia, miedo, desesperanza,  y destrucción del tejido asociativo y en consecuencia, la pérdida de las prácticas y sabidurías ancestrales en decenas de comunidades, principalmente afrodescendientes.

Y es que el recorrido de la doble calzada, pasa por  territorio de los Consejos Comunitarios del Alto Medio y Bajo Zaragoza de la población afrocolombiana, y el estado, sabía que si actuaba en función de la ley, la consulta previa debidamente realizada, pondría en jaque mate al proyecto que tanto beneficio da, no al pueblo de Colombia, si no a la oligarquía de la región vallecaucana. Y por lo tanto, como es costumbre en los gobiernos de turno de Colombia,  a través de los grupos armados paraestatales y estatales; PLOMO. La masacre, fue la modalidad de destrucción de familias, comunidades, y de implantación del miedo en la región. Siete personas muertas por cada comunidad, las suficientes, para llevar a cabo el mega proyecto del cual se enriquecen hoy unas cuantas familias de empresarios, y de Narcos, a los cuales les han dejado en bandeja, una grata salida al mar para exportar su producto estrella, la coca ¿Qué relación tendrán?…que cada uno saque sus propias conclusiones.

Tejiendo desde la Paz….
Pero en Colombia, aceptar las tremendas injusticias que les ofrece su oligarquía, no es plato de buen gusto. NOMADESC, en el marco de su trabajo de investigación y acción social para la defensa de los derechos económicos, sociales y culturales, trabaja junto a la asociación Mujeres y Hombres de Triana,(organización principalmente compuesta de mujeres) en el fortalecimiento del tejido asociativo, a través de la capacitación política, que les permite compartir opiniones y saberes, para entender porque la violencia ha sido tan “necesaria” para la implantación de un modelo económico tan cruel y despiadado, y por qué se ha cebado de la manera más cruel en  la vida de sus familias.   A  través de actividades manuales, como el tejer, las mujeres se juntan y se brindan entre ellas un apoyo psicosocial irremplazable, además de crear artísticamente productos (bolsos, zapatos….) que al venderlos les sirve para su propia autogestión e independencia económica y social. Rescatar las prácticas de sabiduría ancestral que se han ido perdiendo por los sucesivos desplazamiento y destrucción del tejido social, es una prioridad para NOMADESC, con el objetivo de recuperar su cosmovisión y su identidad comunitaria y así garantizar la permanencia en el territorio. Cada vez las mujeres de Triana, son más conscientes de la violencia que han sufrido y que continúan sufriendo por ser mujeres, ser negras y además ser pobres

Cortar caña, cortar vida….

El paisaje del Valle del Cauca, hace poco más de cincuenta años, destacaba por su gran biodiversidad, y por la gran cantidad de campos de “pancoger” que garantizaban que la región, a pesar de su pobreza disfrutara de un alto nivel de soberanía alimentaria. No obstante, después del famoso bloqueo de EE.UU a cuba, la producción de azúcar consumida entre otros por EE.UU, se desplazó hacía Colombia, desplazando los cultivos de “pancoger” por grandes extensiones de caña de azúcar, que vinieron de la mano de impactos irreversibles al medioambiente como el acaparamiento de grandes recursos hídricos y la contaminación de la mayor parte de ríos de la región.

Junto  al azúcar, vino la coerción, la extorsión, las amenazas, y la violencia en su forma más cruel; la muerte. Los terratenientes de la región (resguardados y protegidos por el Estado y sus grupos armados paraestatales), entendieron que el precio más barato que podían pagar por controlar el territorio, y destruir su biodiversidad con las grandes extensiones de caña, era matando a miles de familias campesinas, indígenas y afrocolombianas, y desplazando de sus territorios a otras tantas. Y es lo que tiene que la impunidad en Colombia sea una norma; si eres rico y matas….¡no suele pasar nada!

Modernidad, ¿desarrollo o miseria?
La modernización de las técnicas agrícolas y su consecuente tecnificación,  unida a la avaricia extremada de los Industriales del azúcar, de la  clase terrateniente  y de las multinacionales que operan en  la región, hicieron de las condiciones de trabajo de la corta de caña, todavía más denigrantes que las de hace unas décadas; el 65 % de trabajadores de la caña han sido desplazados por máquinas. Además la falta de acceso a seguros sanitarios de calidad, el control de las empresas sanitarias por los dueños de los grandes ingenios, el empobrecimiento acelerado que esto conlleva y la destrucción de los sindicatos y asociaciones de trabajadores de la de caña de la región debido al constante hostigamiento y las amenazas y atentados a sus líderes, ha convertido en realidad el sueño de cualquier oligarca y terrateniente; Ser explotado, hoy, para los trabajadores de caña del Valle del Cauca parece ser un privilegio.

En el 2008, miles de cortadores de caña, junto con sus familias, protagonizaron un espectacular paro, para reivindicar sus derechos como trabajadores. Desde entonces,  NOMADESC trabaja con las mujeres, hijas y madres de los trabajadores de la caña y su asociación: Comité de Mujeres Corteras de Caña, con sede en Palmira, con un proyecto educativo y una escuela taller que parte de una metodología participativa para la capacitación político y social, que les permite comprender mejor las causas estructurales de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las familias cortadoras de caña, y en concreto las situaciones violentas a las que las mujeres se enfrentan día a día.  Además, como en Triana, los talleres de costura que realizan, sirven mucho más que para el aprendizaje de construcción de sus propios tejidos y el apoyo psicosocial que unas a otras se prestan, sino también para el aporte económico de las mujeres al núcleo familiar, y para su independencia económica, que evidentemente es clave, para ser mujeres, libres y con dignidad.

Voces…

Desde la REDHER se valora el importante trabajo que realiza NOMADESC (organización que forma parte del Congreso de los Pueblos), para la construcción de una paz con justicia social y con dignidad, la cual entendemos que  se tiene que construir a través del fortalecimiento de los tejidos asociativos de víctimas históricas del conflicto, (familias desplazadas, refugiadas, comunidades indígenas, afrodescendientes, mujeres….) situándose a través de su organización en el centro de los procesos de desarrollo del país y adoptando un papel protagonista en la construcción de propuestas de paz. Porque no habrá paz, sin que las comunidades históricamente oprimidas de Colombia alcen sus voces hasta que se reparen todos los daños causados en los últimos siglos…..y en esta difícil pero valiente tarea, las mujeres han de cobrar un protagonismo histórico, como víctimas sí, pero también como agentes sociales promotoras del entendimiento, la valentía y la dignidad que tanto hace falta para que la paz de Colombia sea una realidad.

La lucha continua.

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