Conmemoraciones en tiempo de guerra

Ha pasado más de una década desde que 450 paramilitares del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia arrasaron con El Salado y, sin embargo, es como si en El Carmen de Bolívar —cabecera municipal de este pueblo— y en sus alrededores, el tiempo avanzara más lento. Tras 11 largos años, los esfuerzos del Gobierno siguen siendo insuficientes y la realidad de sus habitantes difícil. A pesar de que se han entregado predios a 95 familias y en el proceso se han construido varias casas para los sobrevivientes, éstas, no obstante, resultaron ser inadecuadas teniendo en cuenta el clima de la zona y los materiales utilizados en ellas. Además, y para complicar el panorama, si bien hay una presencia permanente de la Infantería de Marina, la comunidad aún está expuesta a una dinámica del conflicto específica de los Montes de María.

De esta manera, si bien las iniciativas privadas han hecho avances, y el gobierno de Juan Manuel Santos ha mostrado acciones reales para proteger a las víctimas como la restitución de algunas hectáreas, o intenciones como crear un marco legal para reparar en mejor medida a las víctimas del conflicto, sigue quedando la sensación de que entre la inoperancia de los funcionarios, el desvío y trabas para ejecutar los recursos y una presencia constante de distintos ejércitos que obedecen a poderes locales, el Estado no ha tenido la capacidad de adelantar una reparación sostenida y prometida hace mucho tiempo.

En este complejo escenario en el que la violencia continúa es, no obstante, donde se seguirán conmemorando las masacres en medio de la guerra y, con ellas, lo que esto significa: que no haya justicia, que nosotros, los medios, no acompañemos estos procesos sin parcializarnos o sin que los habitantes de El Salado dispongan de las herramientas para construir el pueblo que ahora necesitan. Al tiempo de esta cuestionable realidad, han surgido, sin embargo, procesos adelantados por sobrevivientes que, acompañados por la empresa privada muchas de las veces, buscan restituir la dignidad de la comunidad y enfrentar el incumplimiento de las promesas.

Así, entre el 17 y el 18 de febrero de 2011, la población de El Salado se reunió una vez más a recordar y a rezar sus muertos, a marchar y a hacer partícipes a sus niños, y por iniciativa del líder comunitario Lucho Torres, y con apoyo de la Fundación Semana, se realizaron los talleres de memoria “Diálogos del retorno”, para poner de nuevo en la conciencia del pueblo lo que significa haber roto el conjuro de la violencia. Igualmente, en octubre de 2010, el disco Las Voces de El Salado, producido por el músico César López, realizado junto a la comunidad y apoyado por el Grupo de Memoria Histórica, fue lanzado en El Salado como testimonio musical de la memoria de sus habitantes y como reivindicación de la cultura y la identidad del pueblo que no lograron destruir las armas.

Con estos esfuerzos simbólicos no se trata, es claro, de dejar de exigirle al Estado que cumpla a cabalidad con sus funciones, pero sí de que la población vaya sanando sus heridas y recobrando su dignidad, pues además de tener un valor incalculable para las personas que las llevan a cabo, son, al fin de cuentas, actos de valentía en medio de la guerra y de la precariedad de la pobreza. Y serán así hasta que no se celebre la primera conmemoración en tiempos de paz. Hasta que los mandatarios o los comandantes militares hagan algo más que actos de contrición frente a estos hechos, el sentido de una conmemoración seguirá siendo una lucha por la dignidad y no, como debería, el recuerdo de un hecho pasado que no puede repetirse.

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